En defensa del secretario de Marina

¿Por qué en México no se admite públicamente lo que ya está sucediendo en los hechos?

Las organizaciones ciudadanas que participaban en mesas de diálogo con el Ejecutivo para poder mejorar la atención a las víctimas, lo rompieron. Para volver a sentarse a la mesa, exigieron condiciones imposibles de cumplir, a saber, que el secretario de Marina, Mariano Francisco Saynez Mendoza, pida disculpas públicamente por haber dicho en su discurso del 26 de julio que grupos ciudadanos pudieran estar engañados por grupos delictivos, usando la bandera de los derechos humanos para neutralizar la acción de las Fuerzas Armadas.

El incidente me recuerda mi debut como candidata a la Presidencia de la República, a fines de 1993. A los pocos días de ser nominada, me presenté a una convención de feministas. Las mujeres que presidían el acto me hicieron saber que si yo me atrevía a subir el presídium ellas se bajarían porque yo no era feminista. Y, en efecto, no lo era y no lo fui sino hasta que, dos años después, en la Conferencia de Beijing, una feminista tuvo compasión de mí, me explicó la teoría de género y me convenció desde entonces de la utilidad de herramientas como las cuotas y muchas otras para hacer avanzar la causa de las mujeres. ¿No hubiera sido más útil —en vez de amenazarme con expulsarme del presídium de un congreso feminista— acercarse a hablar, educarme y ganarme para la causa?

Lo mismo puedo decir del discurso del secretario de Marina. Renglones antes del malhadado párrafo, el secretario —convencido o no— expresó que “para la Armada de México es indispensable no sólo el respeto a los (derechos humanos) sino también la generación de una cultura que los propicie”. ¿No puede ser esta frase una puerta para el diálogo? ¿Qué es más importante, la ofensa que pudo haber infligido el secretario al honor de las organizaciones o la posibilidad de acercarse a la Marina, escuchar sus quejas, hacer que el secretario escuche las de las organizaciones ciudadanas, aprender unos de otros?

Son dos experiencias de vida radicalmente diferentes las que se expresan en y ante el discurso del secretario. ¿Quién va a tender puentes? El mundo que viene de la disciplina férrea y la obediencia jerárquica porque así lo requiere la naturaleza de su trabajo o las organizaciones ciudadanas nacidas desde hace décadas o recientemente y forjadas en el ejercicio de la compasión, la denuncia valiente pero responsable y la lucha contra la injusticia.

Observé la misma polarización estéril ante la sugerencia del gobernador de Chihuahua, César Duarte, acerca de que la policía pueda reclutar a nuevos integrantes en las universidades. ¿Pues de dónde quieren que salgan los jóvenes que puedan renovar y mejorar los cuerpos de seguridad? El secretario de Seguridad del estado de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame, responsable de la exitosa estrategia de pacificación de las favelas más violentas de Río, tiene cuatro títulos universitarios y dos posgrados, además de ser policía de carrera. Por otra parte, el coordinador de las Unidades Policiacas de Pacificación de Río de Janeiro, UPP, es abogado y antropólogo, además de ser policía. ¿Por qué en México no se admite públicamente lo que ya está sucediendo en los hechos? Es claro que muchos universitarios están siendo reclutados, pero los rectores y líderes de opinión que criticaron o ironizaron de esa sugerencia prefirieron ceder ante la presión de su círculo cercano o ante lo que ellos consideran es el consenso prevaleciente, en vez de atreverse a cambiar ese consenso.

¿La reparación a las víctimas e incluso la posibilidad de disminuir el número de éstas son causas menos importantes que desgarrarse las vestiduras por una frase poco afortunada del secretario de Marina? O, más aún, la difícil responsabilidad que sobrellevan las Fuerzas Armadas se borra, se evapora, desmerece del todo, a causa de la hipótesis sostenida por el secretario? Sería más útil y honraría más la memoria de las víctimas solicitar una cita con el secretario para intentar encontrar puntos de acuerdo, que levantarse del diálogo. Para ver qué gana, el honor y los prejuicios o la altura de miras, aquí y en Washington, nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

        *Analista política

            ceciliasotog@gmail.com

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