¡No pasa nada!
Parece ser que el hartazgo es general, hartazgo por un sistema político agotado, enclenque, inoperante y corrupto.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Recibo regularmente comentarios y observaciones sobre lo que escribo aquí, estimado lector, pero nunca había recibido tantos mensajes y hasta llamadas telefónicas, como en esta semana, para comentar mi columna del jueves 14.
Ello porque al parecer el hartazgo es general, hartazgo por un sistema político agotado, enclenque, inoperante y corrupto; hartazgo por la falta de conciencia social de muchos de los más importantes personajes de la política, hartazgo por sus declaraciones huecas y sin sentido, hartazgo y ofensa por los deplorables “chascarrillos” de los políticos pero, sobre todo, hartazgo porque surge la pregunta: ¿A dónde vamos a parar?
Recibí varios mensajes en los que grupos ciudadanos me señalan que se han reunido para formar una asociación o una organización que demande cambios, que denuncie delitos, en Veracruz, en Chihuahua, en Nayarit, sin que haya respuesta de las autoridades, grandes o pequeñas.
Y en los diarios, así como en la radio y la televisión, diversos personajes y organizaciones piden que se investiguen los hechos denunciados por la maestra Gordillo y por el licenciado Yunes, pero no hay respuesta y todo quedará como un escandalito más, del que los responsables saldrán impunes, total, no pasa nada.
Y ahora que ya se acabó el sexenio, la avanzada de la semana del Presidente son los reiterados exhortos para que “ahora sí” se logren los cambios que requiere el país. Y ahora que todos están con los ojos puestos en las elecciones, el senador Manlio Fabio Beltrones se viste de patricio y apunta: “Debemos tener un plan transexenal de seguridad nacional”(seguramente él lo pensó solito). Y ahora que a la mala le han dado un golpe a las únicas instituciones respetables: el Ejército y la Marina, los legisladores apuntan “debe haber un marco jurídico que sea apropiado y digno de las Fuerzas Armadas”, total, no pasa nada.
Lo malo es que todos sabemos que en política no existe el vacío y que, cuando hay vacío de poder, ese vacío se llena con algo. Los movimientos de rechazo pueden ser tan dignos y pacíficos como el que encabeza Javier Sicilia. Pueden ser más agresivos, como los de los jóvenes universitarios de hace décadas. Pueden ser, lo que es muy improbable, violentos como los que hizo aquel clown olvidado, Marcos, en 1994.
Pero puede haber otras opciones, porque recordemos que las Fuerzas Armadas siempre han sido leales al Presidente, son instituciones sólidas, con una disciplina férrea, que supera la disciplina de algunas religiones. Pero los militares son seres humanos, y no han sido bien tratados. Este gobierno en particular los ha usado, sin consultar, para muy diversas actividades, que ellos han acometido sin chistar. Pero todo tiene un límite, y no quiero imaginar lo que podría ocurrir si los mandos militares reaccionan, molestos, por cómo han sido tratados.
Al leer la historia de la caída del Imperio Romano, casi todos los historiadores señalan que la deposición del emperador Rómulo Augusto por Odoacro, en 476, fue precedida de un deterioro monumental de siglos: aumento de la burocracia en el gobierno, disminución del poder del emperador y descomposición de la sociedad. México no es Roma, pero vale la pena pensarlo, aunque, para los políticos, ¡no pasa nada!
*Médico y escritor