La tortuga de Vietnam

Los helicópteros truenan en el cielo, hoy trayendo al hospital seres humanos heridos muriéndose.

De Vietnam sé poco, apenas –de penar—la memoria de los campos verdísimos de arroz en el agua y sus sembradores doblados sobre ella para hacer crecer los millones de yerbas que habrán de dar satisfacción a mi entercada estancia de gastrónoma irredenta de comida oriental. De lo que más me acuerdo es de la vietnamita corriendo por el campo con su hijo a la espalda balanceándose, y tapada con un sombrero de paja -cono. Corre,vuela mejor dicho, trae otro bulto en la mano del cual se desprende echándolo por la puerta abierta del pájaro de metal, ese de las hélices subiendo y bajando en el espacio como un mosco infame: el helicóptero, símbolo maldito de la guerra, la segunda, la de aquisito, implacable, hecha por el hombre. Los helicópteros truenan en el cielo, hoy trayendo al hospital seres humanos heridos muriéndose; hoy quemando las plantas de mariguana innúmeras; hoy regando los árboles ardientes de lumbre quizá también provocada por el hombre. Estoy en el ayer viendo una secuencia terrible de la película Apocalipsis now… sentada en una butaca de un cine de Nueva York miro con los ojos de cuadro y las lágrimas rodando en mi cara latinoamericana a la vietnamita vengándose de los invasores de su patria. Junto, jóvenes soldados o muchachos viciosos, fuman mariguana (aún se podía).La masacre nos conmueve a todos rogándo a Dios no se repita.

Vietnam...Ahora es un gran país con una gran industria sobre todo en la ropa maravillosa. Admiro un saco guinda acolchado y Socorro Díaz (eternamente bien vestida) me contesta: “Es de Vietnam”. No viajaré hasta allá, bien lo sé, como quiso saberlo Alvaro Mutis en su hermoso poema sobre una ciudad mítica hasta que Gabo García Márquez le envió un boleto de avión para juntarse en ¿Alejandría?... Pero estaba escribiendo de la vieja y misteriosa nación (e inmortal) porque acabo de leer que en Hanoi, la capital, se reunieron cientos de personas para llenar de agua limpia el contaminado lago Hoan Kiem y así  salvar a una tortuga gigantesca considerada como símbolo sagrado cuyo  corazón es del tamaño ¡de una mesa!. Es una especie peligrosísimamente en extinción en el mundo…se dice que solamente existen cuatro de ellas. Es enorme, en verdad asusta. Los vietnamitan la veneran porque creen que es la misma divina criatura que ayudó a un rey de Vietnam, claro está, a vencer a fieros soldados chinos que amenazaban al país… se supone que esto ocurrió hace casi seis siglos…

Todo esto porque acabo de ver por internet un corto de Michael Jackson cantándole a la tierra que mata a sus animales; a los árboles; a un elefante con su elefantito, etc. El ecocidio, que descubrió  (de cómo desapareceremos… palabra ya universal) el doctor Fernando Césarman. Si el celebérrimo bello ser humano, Micky, dejó sobre la tierra algo para su honra, ese film será el mejor testamento: la voz en honor de los animales, hijos mudos de Dios.

*Periodista y Escritora

marialuisachinamendoza@yahoo.es

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