¿Conoce usted la congeladora?

Los legisladores no saben oír a los ciudadanos, ignoran sus reclamos.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

        Felicitaciones a la diputada

        Augusta Díaz de Rivera

        ¡y que se callen los que dicen “puras babosadas”!

Una evidencia más del abismo que existe entre legisladores y ciudadanos es lo acontecido con nuestro amigo Pedro Ferriz de Con, quien con un entusiasmo digno de elogio se dio a la tarea de recoger firmas para pedir a los legisladores que eliminen a los diputados plurinominales, figura que hoy no tiene justificación y es una carga onerosa para la Legislatura.

Se llegó a la Cámara de Diputados, presentó los cuatro millones de firmas y pronunció un discurso por demás sentido, en el que dijo: “La vida es muy peligrosa, no sólo por los que hacen mal, sino por los que se sientan a ver qué pasa y se conforman”. La reacción de quien la preside, y de sus acompañantes, fue la esperada: recibieron el documento y Jorge Ramírez Marín dijo: “No podemos determinar, no es función de la Mesa Directiva, los diputados sin lugar a dudas la tomarán en cuenta” y, después de sonrisas y abrazos, guardaron el documento con todo cuidado en el archivo de los “asuntos que deberán ventilarse”, archivo que cuenta con un buen sistema de refrigeración. Lo llaman “la congeladora”.

Y es que los legisladores no saben oír a los ciudadanos, ignoran los reclamos y las iniciativas que pretenden que el país vuelva a tomar el rumbo. La indiferencia, la inacción y la omisión constituyen los pecados más graves de esta Legislatura, que desprecia olímpicamente a quienes piden, exigen, claman, por los cambios que nunca llegan y, sin vergüenza alguna, envía las propuestas a la congeladora.

En la congeladora están, como documentó Excélsior, junto con la eliminación de 32 senadores y 100 diputados, el Plan Nacional de Desarrollo, la ratificación del gabinete, la autonomía de la Auditoría Superior de la Federación, la autonomía del Ministerio Público, la reelección de jefes delegacionales y presidentes de municipio, la segunda vuelta de elección presidencial, el referéndum y el plebiscito, la revocación de mandato, el calendario de sesiones del Congreso, el juicio político, la moción de censura, la reforma al fuero legislativo y muchas leyes y reglamentos más. Si a eso añadimos los grandes temas, la reforma energética, la reforma fiscal, la malograda reforma laboral, vemos que la congeladora es más grande que las bodegas de la Central de Abasto.

¿Qué haría usted, estimado lector, como gerente de una empresa, si sus 500 empleados dejaran tal cantidad de asuntos sin resolver? ¿Qué haría usted, como profesor de una escuela, si sus alumnos no hicieran su tarea y se presentaran con las manos vacías? ¿Qué haría usted como entrenador de futbol si sus jugadores no anotaran ni un solo gol en toda la temporada? La ineficiencia se debe castigar y nadie puede negar que lo que tenemos es ineficiencia y no otra cosa. En los medios de comunicación hay escritores e intelectuales que expresan lo que todos sentimos en radio, prensa y televisión, pero tal parece que nuestros legisladores sólo leen el ¡Hola! por si aparece su foto y nada más ven las telenovelas, porque no se enteran de que somos muchos los millones de mexicanos enojados que vemos cómo el tiempo pasa y no sucede nada, como nada acontecerá con los cuatro millones de firmas.

Y debo decir que conozco legisladores que sí se preocupan por promover acuerdos y leyes, pero todo queda sepultado en esos cenotes sagrados que son las comisiones, en donde languidecen las propuestas y los intereses diversos anulan cualquier avance. La congeladora es la demostración más clara de que eso que llamamos democracia todavía está por llegar.

        *Médico y escritor

        raalvare2009@hotmail.com  

            www.bienydebuenas.com.mx

Temas: