¿Debe castigarse el incesto?
Cuando me hicieron esta pregunta, sin titubear, contesté que “sí”. Luego me contaron la historia. Resulta que mi profesor de Teoría de Juegos en la Universidad de Columbia, el doctor David Epstein, autor de varios libros académicos de gran reconocimiento, está ...

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Cuando me hicieron esta pregunta, sin titubear, contesté que “sí”. Luego me contaron la historia. Resulta que mi profesor de Teoría de Juegos en la Universidad de Columbia, el doctor David Epstein, autor de varios libros académicos de gran reconocimiento, está siendo acusado de incesto. Ha mantenido relaciones sexuales con su hija de 24 años desde hace tres años. Tanto el padre como la hija argumentan que sus relaciones son voluntarias y consensuales. ¿Debe perseguirse, juzgarse y castigarse esta relación?
Es muy importante establecer que la relación sexual presuntamente se dio ya en la adultez de la hija. Nadie duda que deben castigarse las relaciones de padres con hijos menores. En eso no hay, ni puede haber, duda alguna: los padres no deben abusar sexualmente de sus hijos niños. Pero, ¿qué pasa cuando éstos crecen, y ya adultos, deciden tener sexo con alguno de sus padres de manera voluntaria?
Se trata, desde luego, de un asunto moral. Yo no tengo la menor duda de que desde un punto de vista de valores está muy mal que los padres tengan relaciones sexuales con sus hijos aunque sea en la adultez. Esta conducta pone en peligro a la institución familiar. Pero esos son mis valores personales y quizás haya gente, como Epstein e hija, que no están de acuerdo con ellos.
Más allá del asunto moral —y de la condena que muchos, al enterarnos, ya le sentenciamos a padre e hija Epstein— está el tema judicial. ¿Debe el Estado meterse en lo que sucede en la alcoba de dos adultos, juzgarlos y hasta condenarlos? ¿Con qué argumentos se justifica que padre e hija, ambos adultos, vayan a la cárcel por haber tenido relaciones sexuales consensuales?
Un primer argumento es el de la degeneración genética. La reproducción de individuos relacionados sanguíneamente incrementa la probabilidad de enfermedades de tipo genético en los hijos. De ahí que estén prohibidos los matrimonios entre padres e hijos o entre hermanos, por ejemplo. Ahora bien, Epstein e hija pueden argumentar que en su relación no habrá hijos ya que ambos usan métodos anticonceptivos. Él podría hacerse una vasectomía y ella una salpingoclasia. Entonces, ¿hay que seguir criminalizando el incesto consensual?
Sigo pensando que sí. Quizá la hija de Epstein es adulta pero estoy seguro de que la atracción sexual por su padre comenzó en su niñez. No por ser freudiano-jungiano pero es evidente que esta chica no pudo superar su complejo de Elektra. Y el padre, con toda probabilidad, se aprovechó de su figura de autoridad para seducirla. ¿Queremos una sociedad en la que los padres tengan el derecho de utilizar su poder de esta manera? Yo creo que no. Por eso, más allá del argumento moral, el incesto debe prohibirse judicialmente, lo cual nos lleva a la siguiente pregunta: ¿con qué pena? ¿Cárcel? ¿Al padre, a la hija o a ambos? ¿Cuántos años?
En México el incesto es un delito en los diversos códigos penales de las entidades federativas. El artículo 181 del Código Penal para el Distrito Federal dice por ejemplo que “a los hermanos y a los ascendientes o descendientes consanguíneos en línea recta, que con conocimiento de su parentesco tengan cópula entre sí se les impondrá prisión o tratamiento en libertad de uno a seis años”. Nótese que la ley no hace distinción en la cópula si se realiza con el consenso o no de dos adultos. Y la pena puede ser tan estricta como seis años de cárcel o tan laxa como el tratamiento en libertad.
Al investigar, me encontré que “el incesto consensual es legal en China, Francia, Israel, Costa de Marfil, Holanda, Rusia, España y Turquía, según un informe de 2007 del Instituto Max Planck en Alemania”. En Suiza se “ha propuesto la despenalización de las relaciones sexuales voluntarias entre familiares de primer grado como hermanos y entre padres e hijos adultos”.
En fin, que este caso de incesto de mi maestro Epstein y su hija me puso a pensar. Sigo creyendo que está mal y que tiene que ser criminalizado. Moralmente le aseguro que nunca voy a volver a ver de igual forma a mi profesor. Pero, al margen de la moralidad, el asunto levanta una pregunta muy polémica de hasta dónde el Estado debe meterse en lo que sucede en la cama de dos adultos libres.