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Increíbles librerías de viejo

El mundo del libro de viejo en estos tiempos de novedades efímeras es asunto de alquimia y energías extrañas dejadas por los bibliómanos de otros tiempos

En pleno centro de Bogotá existe una librería de viejo que por las sorpresas que depara al bibliómano, se ha convertido en sitio obligado de visita para quienes deambulan en busca de hallazgos. Toda ciudad que se respete debe tener una librería Merlín y en esta ocasión me acuerdo de las librerías de viejo de la Ciudad de México, situadas en la calle Donceles, que concentran en una cuadra la mayor cantidad de libros de ocasión hispanoamericanos jamás conocida por los seres humanos. Y pienso que en cualquiera de los recovecos de esas extraordinarias librerías puede uno perderse de repente como por acto de magia, para aparecer luego en una de las estancias de la librería Merlín en Bogotá o viceversa. Cosas de magos, o sea, cosas de literatura.

Porque el mundo del libro de viejo en estos tiempos de novedades efímeras es asunto de alquimia y energías extrañas dejadas por los bibliómanos de otros tiempos, cuando había aún tiempo para que un libro viviera su historia sin necesidad de competir en las listas de ventas o de lo contrario desaparecer en las trituradoras infames de lo invendible.

Como allí en el universo bibliópata de Donceles, en la librería Merlín van entrando poco a poco las bibliotecas de quienes amaron los libros en vida y que sus deudos deciden feriar por ser para ellos estorbos, o también entran las de quienes en el desempleo o la miseria no tienen más remedio que deshacerse de sus libros amados por alguna suma irrisoria.

Porque los libros tienen vida e historia y a veces parecen pensar en su soledad, lejos de sus primeros dueños, pues estuvieron en múltiples manos atentas y fueron testigos de muchos pedazos de existencia fugaz, llena de amores, desamores y osadías.

La librería Merlín está situada en la zona donde se concentran los pequeños negocios del mundo librero de ocasión en Bogotá, en la carrera octava con calle 15, no lejos del legendario café Saint Moritz, que funciona intacto desde 1937, una década antes del Bogotazo que partió el siglo XX colombiano en dos y cambió el país para siempre, sumiéndolo en La Violencia.

Al sitio se accede por una puerta pequeña, se sube una escalera y se cruza un pequeño puente bajo una claraboya para pasar a las amplias estancias de un edificio de viejos apartamentos de tres pisos construido tal vez en los años treinta cuando la ciudad pasó de las mansiones coloniales a los edificios art déco y empezaban a reinar los poetas piedracielistas que le enseñaron a escribir a Gabriel García Márquez y a Álvaro Mutis.

Los apartamentos debieron albergar en su tiempo a una generación de burócratas, prósperos comerciantes o abogados de cuando el país parecía salir adelante y no vislumbraba los horrores y la violencia que surgiría después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, a unas cuadras de allí, cruzando la avenida Jiménez, frente a la famosa esquina de El Tiempo. Los socios de esta librería usan todos los pisos, uniendo los apartamentos de las dos alas del edificio, que ahora albergan estanterías llenas de clásicos.

Por eso en cada libro hay una historia, pues muchos de ellos están dedicados o traen huellas dactilares del tiempo. Hay ediciones de todo tipo y época. Traducciones de Saint John Perse por Jorge Zalamea, obras de Kafka, Proust, Broch, Musil y Thomas Mann, clásicos franceses e ingleses y norteamericanos en su lengua original, gramáticas, historia, derecho y religión comparten espacio con viejos libros de texto como la Alegría de leer o el Álgebra de Baldor, que nos traen a la nostalgia de la escuela primaria y secundaria.

La librería Merlín es una verdadera delicia y la prueba de que en medio del caos y el descreimiento las metrópolis generan espacios espontáneos de cultura, con un público fiel que pasa la antorcha del pensamiento y el amor por la literatura y el arte de generación en generación.

Pero lo más increíble es que de ahí en Bogotá uno puede viajar en un abrir y cerrar de ojos a las librerías de viejo de la Ciudad de México, a la calle Donceles, porque los bibliómanos tienen poderes ocultos y son protegidos por el mago Merlín.

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