The Strokes, sólo viven una vez

La banda neoyorquina repitió experiencia en CDMX con rolas y las irreverentes intervenciones de Julian Casablancas

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Foto: Eduardo Jiménez

The Strokes han sido intermitentes, tomado buenas o malas decisiones, pero nadie puede quitarles el mérito de ser parte del último bastión que impuso algo nuevo en el rock. ¿Revival garage? Puede ser. ¿Salvadores? 

Un exceso. 

 El concepto de quiénes son sólo puede ser detectado por su generación y las subsecuentes que no ha dado por muerto el género. Y así sucedió anoche en el Foro Sol. Nadie se quejó como lo hicieron en Monterrey, ni siquiera por la bromita lerda de Julian Casablancas, el vocalista, al bromear con ser “el conquistador” después de referirse a la CDMX como la gran Tenochtitlan. 

Son sus Bad Decisions, como dice la rola con la que abrieron. “No, no, sólo bromeo”. Juicebox también ya había sido tocada para hacer que todo el inmueble se moviera. Desde hace años que Julian excede su sarcasmo. No es nada nuevo y afortunadamente lo entienden. 

Pronto se despegó de su chaqueta verde porque el calor lo abrumó. El perfecto ambiente para Eternal Summer. Sobre el escenario, él, Albert Hammond Jr., Nick Valensi, Fab Moretti y Nikolai Fraiture estuvieron a merced de las chelas que volaron en la zona general. Nadie resultó bañado, al contrario, les daba sed y tomaban de sus propios vasos rojos. 

 Constantemente regresaban en el tiempo, como lo hicieron con New York City Cops, de Is This It. “No es tiempo de asesinos. No sé. Es difícil de explicar”, la entrada perfecta para Hard to Explain, del mismo álbum. 

 El bombo de su batería, para redondear esta cita aparentemente random, llevaba los colores de la bandera ucraniana. 

Alguien le pidió algo a Julian mientras cantaba Brooklyn Bridge to Chorus y le respondió que en ese momento no podía. Julian siendo él, interrumpiendo las rolas a su antojo y por cualquier situación. 

Y llegó el momento de dar un paso adelante al disco Room on Fire, precisamente con su primera rola: What Ever Happened? Lo hizo bien. 

 Después Nick se equivocó y Julian se encargó de reírse. Tomar y empezar a balbucear con su trago en mano. “No es tiempo de sentir ni de llorar. ¡Fab, qué empiece Reptilia!”, gritó. Los deseos fueron órdenes para el grupo y la gente. Quizá la rola que más fuerte se escuchó y que miles de celulares grabaron. 

 “Hubo muchas leyendas esta noche. Mac de Marco. Hijo de p*ta. Y los cabrones de War on Drugs. Y no me importa si no les gustan. Están mal. 

También, muchas leyendas de la Ciudad de México. ¿Cuál era su favorita? 

 ¿Zapata? Es de aquí”, intervino, irreverente y algo tomado. Así introdujo Under Control, la rola para iluminar todo el foro con celulares. 

 Continuaron con Someday, At the Door y You Only Live Once. Y un regalo que hace tiempo no tocaban: Between Love & Hate, para cerrar, antes de la medianoche, con Take it or Leave it. 

Antes, Mac de Marco y War on Drugs tuvieron sets de una hora para preparar el ambiente.