Roberto Canessa, sobreviviente de Los Andes, habla de la antropofagia; "si no comía no iba a sobrevivir"

Los sobreviviente de Los Andes tuvieron que comer restos humanos para poder sobrevivir.

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Roberto Canessa

Gracias al estreno y el éxito que tuvo la película “La sociedad de la nieve” de nueva cuenta resurgió la historia de los sobrevivientes de Los Andes después de que hace 50 años se estrellara en la cordillera un avión que salió de Uruguay con destino a Santiago de Chile.

Tras el accidente varias personas murieron y los que sobrevivieron tuvieron que realizar antropofagia para poder vivir y así salir de Los Andes. Después de ser rescatados se dio a conocer la noticia, por lo que fueron duramente criticados.

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A unos años de lo ocurrido, Roberto Canessa, uno de los sobrevivientes de Los Andes, dio una entrevista a Yordi Rosado en la que habló sobre la antropofagia y recordó que fue él uno de los primeros en sugerirlo.

“Yo pensé: ‘acá me estoy muriendo, necesito comer, tengo toda la sensación de hambre’ y después pensé: ‘en estos cuerpos hay proteína, hay lípidos y los carbohidratos se resintetizan a través de la proteína. Si una persona come eso al organismo le va a hacer bien’. Lo hablamos con todo para ver si había alguien que me aportaba algo que no estaba considerando”.

Roberto Canessa señaló que para él fue muy sencillo comer la carne y que no le causó problemas en el estómago.

“Después era muy sencillo, ir y cortar el pedazo, nadie me iba a bloquear de hacer lo que podía hacer, era un problema solucionable. Y si estuviera muerto, qué honor que mi cuerpo funcionara para los demás”.

El cardiólogo destacó que para él fue fundamental comer la carne para así poder sobrevivir y reencontrarse con su madre.

“Yo sabía que si no me comía ese pedazo no iba a sobrevivir y no iba a poder decir: ‘mamá, no llores que estoy vivo’ entonces agarré el pedazo y me lo comí, no pasó nada y todos se acostumbraron y fueron haciendo lo mismo”.

Finalmente, al preguntarle sobre si sabían a quién pertenecía la carne, esto dijo:

“Sabíamos la cara (de quién era), todo y muchas veces pensaba que me lo estaba haciendo a mí mismo, sería un honor para mí. No había tiempo, eso era práctico, ya nada me da miedo porque sé que los muertos no se mueven. Vivimos 72 días en un cementerio que no tenía tumbas”.

PJG