Daniel Giménez Cacho: mostrar y dar la cara a las heridas
Tras protagonizar la película Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, el actor ahora dirige la obra El hijo de puta del sombrero, protagonizada por su hijo Lucio, y actúa en la obra ¡Violencia!

Dispuesto a abordar cómo los seres humanos se reconstruyen a pesar de sus heridas, Daniel Giménez Cacho está de regreso en el teatro como director de la obra El hijo de puta del sombrero, escrita por Stephen Adly Guirgis.
En ella, trabajó al lado de su hijo, Lucio Giménez Cacho, protagonista de la historia, que aborda temas como las adicciones a las drogas y al alcohol, así como la traición y la lealtad.
La obra tiene como premisa lo que le sucede a Jackie (Lucio), quien es un exalcohólico y exdrogadicto que, al salir de la cárcel, termina la relación que tenía con su pareja de toda la vida y decide ir a vivir con Rafa (Francisco Rubio), su padrino durante la desintoxicación. Es entonces cuando descubrirá que la gente no es tan buena como dice.
La lealtad juega en esta historia un papel importante, así como la pérdida de la misma. El autor escogió hablar del amor y la lealtad por la carencia de los mismos. Te confronta, porque tienes que empezar a ser muy honesto. Si lo que queremos transmitir en la obra es tocar el fondo de las heridas y nuestras oscuridades, tenemos que ser honestos y ponerlas al servicio de la obra.
Mi hijo (Lucio) se internó en un anexo como un mes. Consiguió un lugar en Morelia, donde lo aceptaron para que hiciera esta práctica y aprendió muchísimo. De hecho, hemos platicado lo útil que es la terapia que toman ahí, aunque él no sabe si son terapias o ‘teraputizas’. En todo caso, te obligan a ser honesto contigo, enfrentar tus problemas y hacerlos públicos.
Asumir realmente lo que eres y darle cara a todas las oscuridades, no negar las heridas, eso es una cosa muy sanadora. Todos tuvimos que entrar ahí y todos los actores y actrices tuvieron sus crisis con respecto a eso, pero esto se hace por un afán de crecimiento. Lo mismo presentarla en público”, expresó Daniel Giménez Cacho en entrevista con Excélsior.
Ante la pregunta del para qué explorar tal oscuridad, el director precisó que fue con el fin de crecer, pues ello no sucede ocultando los problemas y las oscuridades, sólo mostrando las heridas.
En el teatro, mostrar las heridas es un acto muy bello, que genera mucha empatía. Siento que la obra llega y mueve a la gente”, dijo.
Es así como reveló una de sus propias heridas: los problemas con el consumo de alcohol.
Por muchos años bebí mucho y, en algún momento, el alcohol fue muy liberador y creativo. Pero luego ya estaba yo atrapado. Voy a cumplir tres años en que dije ‘¡ya!’. Digamos que era un alcoholismo funcional, pero donde sí estaba perdido, porque crees que lo controlas y no, sí me alteraba la conducta y podía caer en situaciones de violencia, que no te das cuenta.
Decidí absolutamente parar y lo pude hacer yo solo, no me costó trabajo, porque me llegó este momento en el que dije ‘¡ya!, toda esta energía que estoy empleando en controlarlo, la voy a emplear en cosas más útiles, en desarrollarme más, espiritualmente.
En la embriaguez descubrí que todo se trata de ti, que te centras en ti, tu borrachera y tus cosas y dejas de escuchar a los demás, de ver tu entorno, hay una cosa narcisista ahí. ¡Ahora me divierto mucho más! Igual me gustan las fiestas, me quedo hasta tarde, me gusta bailar y me divierto mucho más ahora, sin beber” compartió.
¿SER ALGUIEN O SER UNO MISMO?
Giménez Cacho señaló, acerca del texto escrito en 2011, que es tan crudo como cómico: “una mezcla interesante de humor y drama”, en el que una serie de personajes migrantes, tratan de salir adelante y sobrevivir, con un error trágico: confundir ser alguien con ser uno mismo.
En la lucha por ser alguien, la desconexión con uno mismo me parece muy fuerte y es un tema que me parece central y super contemporáneo, porque creo que es lo que nos está pasando a la mayoría de la humanidad. Estamos gestando, cada vez con más ansiedad, personajes de éxito, salud, dinero, de bienestar.
Eso es lo que estamos mandando a las redes y es como pensamos que vamos a alcanzar la felicidad, pero es un camino trágico, porque, más bien, nos desconecta de nosotros mismos y de la verdad de la vida y nos hace empezar a desear el mundo de lo material y de la apariencia. Es un camino trágico que conduce a mucha infelicidad”, explicó el seis veces ganador del premio Ariel.
Destacó que los personajes también abordan temas como el alcoholismo, criminalidad, infidelidad y traición.
ENTRE PADRE E HIJO
Acerca del trabajo con su hijo Lucio, Giménez Cacho reveló que en el proceso creativo de la obra trataron de hacer a un lado el lazo familiar.
Hemos tratado de hacer que no es mi hijo, que es un actor más. Lo intentamos, no llevar la casa a los ensayos, pero... es inevitable. Ha sido muy lindo, una cosa muy hermosa de encuentro con él, porque yo pensé que lo conocía y de repente lo veo hacer cosas que digo ‘¡guau, este hijo mío yo no lo conocía!’.
Funcionó muy bien, él está muy contento. Salió hace un año y medio de la carrera, así que está practicamente debutando en una obra profesional. Está muy bien formado en la escuela, en La Casa del Teatro, que fundó Luis de Tavira, así que trae grandes herramientas de conocimiento propio, de saber cuándo estás conectado y cuándo no, técnicamente está muy bien.
Al principio yo estaba muy nervioso. Dije ‘ay, y si no le sale y va a ser mi culpa y yo lo puse aquí y lo voy a estrellar’. Pero, desde los primeros días me fui dando cuenta que, aunque estaba verde, tenía con qué. Él fue creciendo con todos los compañeros y ahora lo veo muy bien, he recibido buenos comentarios y lo veo contento, fluyendo, enriqueciendo su personaje. Tenía miedito, pero ha sido una cosa muy hermosa”, concluyó.
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