Millonarios tecnológicos compran medios "tradicionales"

Los dueños de Oracle, Open AI y los CEO de otras compañías, adquieren y planean cómo moldear la prensa y la ven como activo muy influyente

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Los oligarcas de la tecnología ven en los medios tradicionales el activo más influyente de la actualidad.Gemini, Nano Banana.

La fuerte influencia que tienen hoy en día los medios de comunicación en la verificación de la verdad de los hechos los ha convertido en el nuevo blanco de los empresarios tecnológicos, quienes están pasando de ser simples anunciantes a dueños absolutos de la información y sus plataformas.

Las recientes adquisiciones de figuras como Sam Altman, CEO de OpenAI; la consolidación de la familia Ellison, dueños de Oracle y Paramount en el sector televisivo y de cine; y el interés estratégico de Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, perfilan un escenario donde la información es el nuevo activo de defensa corporativa. Hace sólo un par de años, Jeff Bezos, CEO de Amazon, adquirió The Washington Post, y muchas cosas han cambiado desde entonces en este diario.

Para los analistas de MediaJustice, que presentaron el informe Media Capture: Who Controls the Story Controls the Future, esta tendencia sugiere que los multimillonarios tecnológicos no compran medios por rentabilidad financiera, sino para blindar sus propios intereses, entrenar sus inteligencias artificiales según el caso, y moldear la opinión pública a su favor.

Luego de la fragmentación digital y su fuerte caída en números, los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión) se mantienen como las plataformas más influyentes en la actualidad, funcionando como el epicentro donde se valida la realidad política y social en los países. De acuerdo con el análisis de MediaJustice, estas instituciones conservan una autoridad que las redes sociales no han logrado hoy en día.

“Los medios de comunicación tradicionales siguen siendo el mayor megáfono del mundo. Si quieres cambiar la ley, primero tienes que cambiar la conversación en los noticieros de la noche”, destaca The Hollywood Reporter sobre la razón por la cual los magnates del software, la IA y las finanzas están dispuestos a pagar primas exorbitantes por cabeceras que, en papel, parecen ir a la baja.

Bajo esta premisa, la sorpresiva compra de la red digital Technology Business Programming Network (TBPN) por parte de OpenAI, liderada por Sam Altman, cobra una relevancia estratégica.

Altman busca integrar el análisis técnico en su estrategia de expansión global, controlando el flujo de información en el sector que él mismo lidera. Al respecto, el director ejecutivo intentó matizar las preocupaciones sobre la independencia editorial afirmando: “TBPN es mi programa tecnológico favorito. Queremos que sigan haciendo lo que hacen tan bien y no espero que sean más suaves con nosotros”, aunque analistas ven en este movimiento un esfuerzo por blindar la narrativa sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.

Los medios de comunicación tradicionales siguen siendo el mayor megáfono del mundo. Si quieres cambiar la ley, primero tienes que cambiar la conversación en los noticieros de la noche.”
The Hollywood Reporter

En la pantalla chica

Por otro lado, la estructura de poder en la televisión tradicional ha dado un vuelco con la llegada de los Ellison. Tras la fusión de Skydance Media con Paramount Global, la familia del fundador de Oracle ha tomado las riendas de activos críticos como CBS News, sumado a su control sobre la matriz de CNN.

David Ellison ha defendido su entrada en el periodismo de alto impacto asegurando: “Queremos estar en el negocio de la verdad y preservar el legado de estas instituciones informativas”, a pesar de que críticos temen que la cadena de noticias más influyente pierda su perfil crítico frente a los gigantes tecnológicos que ahora firman sus cheques.

En este tablero de ajedrez, el sector bancario también mueve sus piezas con Jamie Dimon, presidente de JPMorgan Chase, explorando la creación de plataformas de contenido “tradicional” que conecten directamente con las audiencias.

Dimon sostiene que las corporaciones deben ser las portavoces de sus propios valores en un entorno de polarización extrema. “El sueño americano está vivo, pero se está escapando del alcance de demasiadas personas, y las empresas no pueden esconder la cabeza en la arena ante la velocidad de la IA”, sugiriendo que la comunicación corporativa debe evolucionar hacia un modelo de producción de medios propio para contrarrestar la narrativa externa que afecta sus balances.

La tendencia de estos “proyectos de vanidad” o “escudos mediáticos” no es nueva y responde, en última instancia, a una necesidad de supervivencia ante el creciente escrutinio regulatorio.

Para los nuevos dueños, la credibilidad de una marca establecida es una herramienta de cabildeo mucho más potente que cualquier campaña publicitaria. “Para estos multimillonarios, ser dueños de un medio no es una inversión para ganar dinero, sino una póliza de seguro para sus otras empresas de billones de dólares”, sentencian analistas, subrayando que la verdadera batalla no es por el rating, sino por el control de la conversación pública.

El riesgo de este modelo es la erosión de la confianza del consumidor, quien percibe una falta de separación entre el sujeto de la noticia y el dueño del canal. Si la información se convierte en un apéndice de las relaciones públicas, la pluralidad democrática se ve comprometida.

Como bien ha señalado la crítica especializada ante este avance de la oligarquía digital: “En una época donde la atención se compra y la opinión se vende, sostener la ética no es un acto romántico, sino una decisión estratégica indispensable”.

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