Wole Soyinka: le duele el hambre de África
El nobel de literatura nigeriano regresa a la ficción después de 50 años para recrear la corrupción y la violencia que ahogan a su país

QUERÉTARO.- El hambre y el que sea el pueblo que más desplazados aporta al mundo debido a una guerra civil son los dos aspectos que más le duelen de África, su continente natal, al dramaturgo, poeta y ensayista nigeriano Wole Soyinka (1934).
A sus 88 años, el Nobel de Literatura 1986 comenta en entrevista con Excélsior que, por ese amor a sus orígenes, siempre ha puesto un gran interés en recrear en su obra las tradiciones de su pueblo yoruba, su mitología, la singular forma de relacionarse y la sátira que marca su visión del mundo.
Y admite que la disciplina que más se presta para evocar esa cosmovisión ha sido el teatro, para el que ha escrito unas 29 obras; además de fundar tres compañías, dirigir varios montajes y hasta actuar en algunas ocasiones.
No soy un actor. Es cierto que he intentado interpretar unos roles. Pero disfruto trabajar con los actores, porque uno está creando cosas, aunque esté recreando uno vuelve a vivirlo de nuevo. Ser director de una obra es muy frustrante, porque uno nunca obtiene lo que espera”, afirma el nigeriano.
El autor de unos 12 ensayos, siete poemarios, cuatro libros de autobiografías, tres novelas y tres títulos de relatos aclara que no tiene preferencia por practicar ningún género literario, “lo que hago depende de mi estado de ánimo”.
Y confiesa que está decepcionado porque no se siente viejo.
Me gustaría sentirme de mi edad para poder decirme ‘eres un hombre viejo’, pero soy incapaz de hacerlo”.
Quien ha sido arrestado en dos ocasiones por sus críticas al gobierno, admite que la literatura sigue siendo una amenaza para el poder, porque “es un ejercicio muy personal, surge de la mente, empieza por el individuo; pero, de manera simultánea, tiene un fuerte impacto a nivel social”.
El novelista presentó en el Hay Festival Querétaro su libro más reciente, Crónicas desde el país de la gente más feliz de la Tierra (Alfaguara), que aparece tras casi 50 años sin publicar ficción. Es una divertida y amarga sátira política sobre la corrupción en forma de novela de misterio, que se desarrolla en una Nigeria imaginaria, pero muy parecida a la real.
La literatura es un escape cuando la realidad se vuelve incontenible”, detalla durante la charla que sostuvo ayer con el editor Eduardo Rabasa. “En cierta forma, los escritores también somos dictadores, pues cambiamos la narrativa, creemos en la narrativa que contamos.
Soy de los escritores que pueden vivir dentro de la narrativa. Aunque algunos son capaces de decir que ya tuvieron suficiente de la palabra escrita. Mi relación con la literatura y el tiempo ha sido fluctuante. Tengo necesidad de escribir, pero hay ocasiones que pienso que la literatura no es suficiente”, agrega.
El autor de The Interpreters (1964) y Season of Anomy (1972), sus dos únicos libros de ficción, admite que Nigeria y México comparten problemas como la violencia y la corrupción, aunque el origen de estos flagelos sea distinto.
Una de las historias de terror más atemorizantes es cuando las personas empiezan a ver como normal estas atrocidades. Aunque sabes que hay algo que debes criticar, todo se te escapa de las manos, sientes que tu ambiente y tus valores están siendo progresivamente eliminados, sabes que pronto no quedará nada por lo que se pueda luchar”, dice ante un Teatro de la Ciudad repleto de espectadores.
El también activista añadió que “la humanidad se ha degradado en diferentes formas. La mayoría de los humanistas se vuelven locos por la tecnología, creemos que puede tener la solución a muchas cosas, pero en eso irrumpen los bárbaros que fomentan la violencia. ¿Qué está mal con esta humanidad?”, se cuestiona.
Sobre el uso singular de la sátira en su obra, Soyinka narra que le viene de su cultura yoruba, en la que todos los nombres tienen un significado histórico, pero en la ceremonia de adjudicación del nombre introducen un poco de sátira para que los niños no se tomen la vida tan en serio. La sátira es un mecanismo de sobrevivencia”, dijo quien compartió que su nombre significa “Dios ha entrado a casa”.
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