Víctor Manuel Mendiola evoca una patria femenina
Concluye que este texto de Ramón López Velarde critica el caudillismo y enaltece la suavidad de la vida cotidiana; cien años de un poema cumbre

CIUDAD DE MÉXICO.
Una visión profundamente inconforme, contestataria y rebelde; “un texto crítico contra el patrioterismo bravucón, cuya autosuficiencia siempre acaba justificando la afectación, el odio, las balandronadas y la violencia”.
Así define el escritor y editor Víctor Manuel Mendiola (1954) al poema La suave patria, de Ramón López Velarde (1888-1921), que el próximo 24 de abril cumplirá cien años, “de acuerdo con la fecha escrita de puño y letra del propio vate zacatecano”.
Tras una década de estudiar la última composición del bardo modernista, publicada en el tercer número de la revista El Maestro, el ensayista comenta en entrevista con Excélsior que “este poema suave, simple, lleno de particularismo local nos ofrece en su insólito lenguaje cifrado el significado opuesto: la resistencia crítica, el rigor complejo sin concesiones y la universalidad que sólo habita lo auténtico singular y subjetivo”.
Desde 2013, el también poeta se dedicó a elaborar las notas explicativas de cada verso de La suave patria, en palabras de grandes escritores, un catálogo amplio de opiniones que develó varias partes difíciles y oscuras del legendario poema; así nació el libro El ángel que acompañó a Tobías. Y ahora entrega un análisis más profundo y específico en Ramón López Velarde: 100 años contra el fantasma del caudillo, que acaba de lanzar la Universidad Autónoma de Querétaro.
Esta disección de la obra, confiesa, ha estado motivada por una advertencia que el propio López Velarde hizo, en una conversación con Enrique Fernández Ledesma. “He de escribir un poema tan simple [...] que los desconcertará [...]. Nunca sabrán que en ese poema no les dejé ver sino lo que yo quise que vieran”, decía.
Para Mendiola, “el poema es un texto crítico contra el caudillismo y esto, visto en términos actuales, es una crítica contra la idea de un presidente fuerte que sustituye a las instituciones con su fortaleza y sus acciones.
“Ese mundo idílico que en parte parece representar es, al mismo tiempo, real; sí están los campos de maíz, pero al lado están los de amapola y mariguana, y están la contaminación, los feminicidios y los secuestros”, explica.
El director de la editorial El Tucán de Virginia aclara que “no digo que estemos en un gobierno con tintes autoritarios y despóticos, pero sí hay un retorno a la vieja idea del caudillo, que es lo que critica López Velarde en su poema”.
Señala que, con La suave patria, su autor se apartó de los líderes empoderados de la Revolución mexicana. “Y no es que estuviera en contra del cambio. Apoyó la transformación social siguiendo a Madero; pero no compartía el gusto por la destrucción ni la exaltación de los héroes falsos, que en la práctica eran bribones o criminales.
“Así, pues, ‘la épica sordina’, pronunciada de manera ‘impecable y diamantina’, rechazó en su momento el mito glorioso de ‘la bola’, de las bandas de ladrones con causa, del pueblo ‘bueno’ con derecho a linchar y del discurso vicioso y mortal de ‘los de abajo y los de arriba’”, indica.
Incluso, el especialista va más allá. “La patria de López Velarde es femenina, es una ‘matria’, dominada por un sentimiento femenino de suavidad. Propone la solución de los problemas no a través del encono, la traición, la imposición, el autoritarismo, el rompe y rasga patriarcal, sino a partir de saber escuchar.
“Es suave porque tiene que ver con los hechos de la vida cotidiana, donde importan las cosas pequeñas que son esenciales; por eso el poema está lleno de escenas donde aparecen la risa de las mujeres, los bailes y el olor de la panadería. Él sabía que las mujeres entienden que hay que poner las cosas en claro y buscar soluciones pacíficas, por eso decía ‘las mujeres siempre deberían estar aleccionándonos’”, añade.
Concluye que en este poema centenario “uno ve un canto ingenuo, inocente, idílico de la patria, cuando en el fondo está cuestionando la violencia, el machismo y a los caudillos. En el México democrático tiene mucho sentido rescatarlo, la democracia requiere recuperar el espíritu de La suave patria”.