Ve las miserias humanas a través del humor; Alberto Montt (1972)

El ecuatoriano afirma que cada vez se siente menos ilustrador, y más contador de historias que inviten a la reflexión

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Alberto Montt

“Latinoamérica está ahora en un espacio caótico, un espacio de extremos inasible, inentendible”, afirma tajante el ilustrador ecuatoriano-chileno Alberto Montt (1972).

“¿Cómo podemos estar donde estamos? Con una desigualdad, con un desinterés, una estupidización constante y buscada por parte de nuestras elites dominantes. Me da mucha pena”, comenta en entrevista.

El historietista, convencido de que “el humor es el único espacio que nos va quedando de reflexión y rebeldía”, confiesa que “antes me interesaba más hacer reír, hoy me interesa más hacer pensar”.

Por esta razón, ha agudizado su mirada crítica e irónica sobre la sociedad actual. “Desaparecieron la educación cívica. Vivimos en una época de individualidad absoluta, en la que el bien común ya no existe. Me cuesta mucho pensar en revoluciones hoy en día, porque no hay interés comunitario.

“La lucha por mejorar ya no se puede dar, porque no hay una sensación de comunidad. Todo es el Yo inmediato; y éste es insaciable, es la inmediatez del ego. Hoy, los asombros duran 30 segundos. Es muy difícil”, agrega.

En su reciente visita al país azteca, para promover en la FIL de Guadalajara su libro México, la obra maestra del diablo (Planeta), el autor de más de 20 títulos publicados, desde trabajos autobiográficos hasta cuentos infantiles, está convencido de que hemos perdido el futuro.

“Estamos en la puerta de entrada a un momento súper triste como sociedad, donde toda expresión de conjunto es sólo una búsqueda individual. Pongo un like a una publicación sobre Gaza y pienso que ya apoyé; o hago un comentario cliché sobre Ayotzinapa y creo que ya cumplí. No hay mirada crítica. La vida no vale nada en Latinoamérica”, agrega evocando a José Alfredo Jiménez, uno de sus compositores populares favoritos.

Destaca que la crítica y la rebeldía, “eso que hasta los años 70 teníamos con la música, hoy sólo existe en el humor, donde alguien se permite cantarte verdades. Debemos usar el humor como un Caballo de Troya, hacer reír y, al mismo tiempo, dejar un pensamiento. Es ese bastión de libertad de expresión que aún nos queda”.

El autor de El gran libro de los perros, según mi gato, su publicación más reciente que llegará a México el próximo año, dice que para él “el dibujo es un complemento de las palabras. Mi estilo gráfico es el resultado de optimizar los recursos visuales para poder contar historias de una manera más eficiente. Mi trazo se ha simplificado, ha cambiado. Cada vez me siento menos ilustrador y más contador de historias”.

La polarización de la sociedad latinoamericana es otro de los temas que preocupa al también diseñador. “La polarización es la mejor forma de manipular a la gente. Sembrar enemigos, poner fantasmas, si no ¿de quién vas a salvar al pueblo?

“Me voy a meter a política. Estoy escribiendo una primera historieta política, que habla del ser humano y sus miserias desde el humor. Luego viene otro sobre el hombre como raza, ese bicho extraño en que nos hemos convertido”, adelanta.

“Para serte franco, espero que caiga un meteorito”, concluye entre serio y broma.