‘Escribir es como escalar una montaña’: Eduardo Mendoza
El escritor catalán reflexiona sobre sus 50 años de creación literaria y los dos ejes que la atraviesan: el humor y Barcelona

Me tomo la escritura como los alpinistas. Hay que subir. Aquí hay una piedra, acá un hueco, me jalo de una rama. Y cuando llego a la cima me bajo, porque ya no me interesa estar ahí, sólo quería subir. Y después voy a la siguiente montaña”, afirma el escritor catalán Eduardo Mendoza (1943).
En entrevista con Excélsior, el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025 comenta que “escribir es como escalar una montaña, caminar cuesta arriba, por eso procuro que el proceso sea divertido; me gusta gozar de la escritura, el humor es vital en mi vida y en mi trabajo”.
A 50 años de haber publicado su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta (1975), y con unos 20 títulos del género de largo aliento en su haber, quien encabeza la delegación de Barcelona, invitada de honor a la 39 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, destaca que sobre todo le ha interesado dar vida a personajes marginales.
Los personajes marginales me son muy simpáticos, porque literariamente son los más agradecidos, son los que tienen la mirada sobre la sociedad. Eso viene de la picaresca española.
Antes era la historia de los grandes señores y sus criados, que tenían un papel funcional o cómico. Y hay un momento en la literatura, y eso sucede en España, en que el protagonista es el pícaro, el pobre, el marginado, el delincuente, que es el que mira al señor y cuenta la historia”, explica.
El Premio Cervantes 2016, el mayor reconocimiento de las letras en español, detalla que sus personajes “son marginales, están fuera, pero con ganas de integrarse, les gustaría que los dejaran entrar en la fiesta. Creo que todos somos un poco así.
Mi novela más vendida es justo la de un extraterrestre que aterriza y termina integrándose, porque le gustan los churros y hablar con la señora de la portería. Ahora, esto se puede leer en muchas claves. Barcelona ha ido creciendo con inmigrantes. Pero se han ido integrando”.
El también dramaturgo y ensayista revisa la evolución de uno de sus personajes consentidos: un detective sin nombre que vive en un manicomio. “Le he dedicado cinco novelas. Es mi alter ego. Todos los que creamos a un detective de cualquier categoría siempre es el otro yo. Lo escribí por casualidad. Inventé el personaje y me gustó. Terminó siendo una serie, aunque no era la idea”.
Admite que le gustaría cerrar esta saga con un sexto título. “Pero no lo sé, porque va siendo hora de retirarse. Con la edad se pierde frescura. Cada vez me cuesta más trabajo, aunque tengo las mismas ganas que a los 20 años. Pero ya no puedo escribir igual a mano”.
El apasionado de la traducción destaca que ha cambiado su mirada sobre Barcelona, escenario de la mayoría de su obra literaria. “Me duele que se está convirtiendo en un hotel, en un estacionamiento; la gente joven ya no puede vivir en la ciudad.
Es algo que afecta a todas las urbes que han descubierto que pueden vivir del turismo, que es como la plaga de la langosta. Pero hay un fenómeno nuevo. Se ha llenado de extranjeros europeos de países fríos y oscuros que se instalan aquí para trabajar desde su casa. Se está convirtiendo en un negocio”, lamenta.
Mendoza aclara que le interesan mucho las estructuras literarias. “Soy un teórico con una base sólida. Como escribo historias de risa parece que soy un loco de la calle, pero no. Por ejemplo, en mi obra más reciente, Tres enigmas para la Organización (Seix Barral), utilicé una estructura que evidencia la evolución de la novela de detectives, que pasan de ser solitarios a un trabajo colectivo”.
Ante la observación de que sólo le falta recibir el Nobel de Literatura, el narrador dice que no. “Yo ya no quiero ninguno más. Ya quiero que me dejen tranquilo. Ni me interesa mi carrera literaria. Agradezco los premios, los reconocimientos. Me emocionan. Nunca lo pensé. Pero me interesa más el trabajo del día, eso es lo que me divierte.
Me gustaría durar un poco más. Veo en la prensa los obituarios. Siempre miras para atrás. Estoy contento, satisfecho. He tenido suerte. Muchos han fracasado. Yo he podido vivir de lo que me gusta, ser mi propio jefe, no tener horarios ni plazos”, dice mientras sonríe.
Reconocimientos: Eduardo Mendoza ganó el Premio Cervantes en 2016 y el Princesa de Asturias de las Letras en 2025. Él encabeza la delegación de Barcelona, invitada de honor en la 39 edición de la FIL Guadalajara.
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