Renato Leduc, un bohemio perdurable

Hoy se cumplen 29 años de la muerte del poeta, novelista y periodista, pluma distinguida de Excélsior

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CIUDAD DE MÉXICO, 2 de agosto.- El poeta, periodista y hasta funcionario público Renato Leduc pensaba que “los intelectuales deben ser antisolemnes o, en último de los casos asolemnes”, pues consideraba cierto aquello de “que la solemnidad es la seriedad de los pendejos”. El autor del poema Temas, en donde como un “preámbulo inevitable” puede leerse: “No haremos obra perdurable. No tenemos de la mosca la voluntad tenaz”, falleció el 2 de agosto de 1986 en Tepepan. Fiel a los principios que defendió a lo largo de su vida, de acuerdo con el escritor Vicente Quirarte, mantuvo hasta el final la voluntad de “templar la palabra entre la bajeza y la dignidad, entre el reclamo social y el cinco por ciento de pureza lírica”.

Nacido en Tlalpan, DF, el 15 de noviembre de 1897, era el hijo mayor de Alberto Leduc, escritor modernista de origen francés que participó en la fundación de la Revista Moderna y tradujo a  Huysmans. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria, y a partir de una apuesta que aceptó —y perdió— para sobrellevar el aburrimiento de una clase de Literatura que cursaba con el escritor Julio Torri, compuso el soneto que se haría famoso con el título de Tiempo, “aunque originalmente se llamaba Time is Money y estaba dedicado al pintor Edmundo O’Gorman”.

Antes de cursar hasta el tercer año la carrera de Leyes, fue aprendiz en la industria eléctrica y ejerció como telegrafista en la Revolución, bajo las órdenes de Pancho Villa, y fue ahí, contaba, que conoció al periodista John Reed, autor del libro testimonial Diez días que estremecieron al mundo. Años después escribió El aula, etc. (1924); Unos cuantos sonetos que su autor tiene el gusto de dedicar a las amigas y amigos que adentro se verá (1932); Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario (1933) y Poema del Mar Caribe (1933); además de la obra de teatro Prometeo sifilítico (1934); y la obra inclasificable Los banquetes (1932 y 1944), “meditaciones intempestivas desde una barra de cantina”, como la definió el crítico literario Christopher Domínguez Michael.

Enviado por la Secretaría de Hacienda, Leduc viajó a París en 1935 para ocupar un cargo en el Consulado de México, y llegó a conocer a Breton, Miró y Picasso. Ahí escribió Breve glosa al Libro de Buen Amor (1939); El corsario beige (1940), novela de 46 páginas; y Desde París (1942). También estuvo en Inglaterra y España, en donde se casó con la pintora surrealista Leonora Carrington en 1941, para ayudarla a escapar de las persecuciones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego de su regreso a México aparecieron XV fabulillas de animales, niños y espantos (1957) y Catorce poemas burocráticos y un corrido reaccionario, para solaz y esparcimiento de las clases económicamente débiles (1963). Fue amigo de María Félix y Agustín Lara, e incluso, cuenta la escritora Elena Poniatowska, cuando ya se había separado del compositor, La Doña le preguntó: ‘’Oye, tú, ¿por qué no te casas conmigo? Al fin que tú no estás casado con nadie”, a lo que el poeta “mal encadenado” respondió, aludiendo a esa cualidad que le permitía decir tres groserías por cada dos palabras: ‘’no, no me chingues, María. Yo estoy muy contento de ser el señor Leduc, ¿por qué chingados voy a ser el señor Félix?”.   

Aquel de quien el poeta José Juan Tablada dijera “nuestro Leduc, ese lobo, ese lobezno de mar, encallado en los arrecifes periodísticos”, fue colaborador de Excélsior con las columnas Tics (1943-1945) y Banqueta (1981-1984), que antes había aparecido en en el vespertino Últimas Noticias (1955-1965); y también escribió En cinco minutos en el diario Esto (1946-1960); Semana inglesa en la revista Siempre! (1951-1985); y Capicúa en Ovaciones (1980-1986). Fue un destacado cronista taurino, y además publicó Historia de lo inmediato (1976), que contenía una Autominibiografía; y el libro de memorias Cuando éramos menos (1979).

Ese bohemio “para quien el estilo era la brújula para guiarse en la borrachera de la vida”, anotó Domínguez Michael, recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1977. “Irónico, certero, lúdico”, en opinión de Poniatowska, “dio un nuevo sesgo a la poesía”, porque “la desentimentaliza, la desensolemniza, le suena la nariz y le quita los mocos, la hace más severa y más inteligente”, aunque Leduc, como relató el ensayista y crítico Emmanuel Carballo, llegó a hablar de sus poemas como “simples pendejadas de juventud”.