Con teatro de títeres, reivindican la Ternura de Cri Crí

Panchito Gabilondo, el niño cantor apuesta por la imaginación y la pausa con títeres artesanales en una puesta llena de ternura.

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Grupo Merequetengue Artes Vivas: Teatro de Títeres Cri CríFoto: Especial

En un país donde los pequeños crecen entre pantallas, estímulos veloces y algoritmos que dictan el ritmo de la atención, el Grupo Merequetengue Artes Vivas decidió apostar por lo contrario: la pausa, la imaginación y la ternura.

El Teatro Rincón de los Títeres fue la sede para anunciar la temporada de estreno de Panchito Gabilondo, el niño cantor, su nueva puesta en escena, dedicada a la infancia del compositor veracruzano Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri, (1907-1990) el próximo 19 de abril en el Rincón de los Títeres, ubicado en la céntrica calle Juárez, junto al monumento a la Madre.

El proyecto, que coincide con el 26 aniversario del grupo, es una defensa explícita del trabajo artesanal.

“Todos los títeres que veremos en esta puesta en escena están hechos con inteligencia artesanal”, dijo Lorenzo Portillo, director del espacio,

Además subrayó que cada personaje fue construido a mano con papel maché, unicel modelado y procesos tradicionales.

Su declaración estética y política se dio como un reclamo frente a la saturación digital que viven las niñas y los niños

“Vemos cada vez más niñas y niños interesados en TikTok que en recortar y pintar”, lamentó.

La obra se centra en el pequeño Panchito, un niño que aprendía mirando las nubes más que el pizarrón. “Ponía más atención a la ventana y a las nubes que al pizarrón”, recordó Portillo, aludiendo a la infancia de Gabilondo Soler en Orizaba, marcada por el contacto con la naturaleza, los insectos, las piedras y la lluvia.

Ese universo sensorial es el punto de partida para reivindicar otras formas de aprender y de estar en el mundo.

Para Denise Valencia, integrante de la compañía teatral, la vigencia de Cri Cri tiene sentido porque es necesaria la ternura. “Evocar la ternura es un acto de rebeldía”, afirmó, además de advertir que esta obra se vincula con la pedagogía de la ternura y la cultura de paz.

Recordó que Gabilondo Soler escribió para las infancias cuando “las infancias ni siquiera eran tomadas en cuenta”.

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