Con la incorporación de Hirving Lozano al Nápoles y su prometedora aparición marcando ante la Juve, como sucedió el año pasado durante el Mundial de Rusia, volvió la chukymanía a los medios nacionales.
El ex del Pachuca tiene todo para triunfar en el sur de Italia; un equipo que lleva años consolidado en la élite, un entrenador prestigioso con gran experiencia y una afición que, fruto de su orgullo de pertenencia regional, es de las más espectaculares de Europa.
Lo prudente sería guardar la calma para no ahogar a Chucky de expectativas, como sucedió con la llegada de Lainez al Betis, y dejar que, luego de su paso por Holanda, se consolide de a poco en su nuevo equipo y, así, pueda encontrar una plataforma sólida para desarrollar todo su gran potencial. Dentro de la oleada de información que apareció durante estos días en la prensa sobre el jugador surgido en los Tuzos, me hicieron reflexionar unas palabras de Miguel Ángel Gómez, entrenador que participó en el proceso de formación tanto de Lozano como de Erick Gutiérrez.
Gómez describió una situación que suele ser normal en las canteras y que, aunque en estos tiempos para algunos suene contracultural escucharlo como un inconveniente, es un problema recurrente que surge en los procesos de escauteo y formación de talento; otorgarle un mayor peso específico al potencial físico que al futbolístico, entendiendo como este último la riqueza técnica y la inteligencia para entender el juego. Goméz explicó que la continuidad en las inferiores del equipo hidalguense de Gutiérrez y Lozano estuvo en tela de juicio porque algunos dudaban de su desarrollo físico.
En Europa hubo históricos estudios que manifestaron que es muy común encontrar en los planteles de cantera un mayor porcentaje de niños de una misma categoría nacidos en el primer semestre. Es normal que a tempranas edades unos pocos meses puedan significar importantes en el desarrollo, pero independientemente que, pasada la adolescencia, todo esto se equipara, lo que deja de manifiesto el estudio es que muchas veces se elije, o se opta, por la continuidad de un joven jugador por su tamaño, por cuánto corre y cuánto salta, antes que por su potencial futbolístico. Entrar en un corral y separar las gallinas según su dimensión es la tarea más sencilla del mundo, lo complicado es escoger cuál es la que va a poner más huevos; para eso, en este caso, hay que conocer de futbol; no alcanza con saber usar una balanza y una cinta de medir, así cualquiera.
