Copa América
El viernes pasado arrancó de forma descafeinada la Copa América. Hasta ahora, salvo excepciones, poco futbol y escasas emociones. México ganó con holgura un partido que se complicó. El Tri aprobó un duro examen y mostró buen funcionamiento, pero Osorio debería ...
El viernes pasado arrancó de forma descafeinada la Copa América. Hasta ahora, salvo excepciones, poco futbol y escasas emociones.
México ganó con holgura un partido que se complicó. El Tri aprobó un duro examen y mostró buen funcionamiento, pero Osorio debería revisar por qué con superioridad numérica perdió el protagonismo que recién recuperó después del empate parcial de Uruguay. La selección cumplió y alcanzará la segunda fase con cierta comodidad, pero el equipo deberá seguir creciendo para afrontar el cruce de cuartos que se antoja muy complicado.
Brasil tuvo un pálido empate en su debut y anoche enfrentaba a la débil Haití. Los supuestos fracasos de los Mundiales 82 y 86 hicieron mucho daño al futbol brasileño. A partir de allí se desató un cambio cultural y comenzaron a desfilar por el banquillo de la canarinha entrenadores que nada tienen que ver con su ADN histórico: Lazaroni, Parreira, Dunga, Felipao... Los resultadistas dirán que después del 86 levantaron dos copas; en el 94 y en el 2002. Es verdad, pero también es correcto recordar que esas disciplinadas selecciones triunfaron gracias a los “fantasistas” de siempre: Romario, Bebeto, Ronaldo, Ronaldinho, etcétera. El problema de esta corriente conservadora no es sólo que ha desteñido el desempeño del scratch, sino que también ha ido en detrimento de la producción masiva de jugadores ofensivos, de los cuales el futbol brasileño era una interminable cantera. Pero como ni el golpe que significó la humillante goleada frente a Alemania en su mundial enderezó el rumbo, la esperanza hoy sólo pasa por Neymar. Sin el crack, y por ende casi sin imaginación, todo se volverá cuesta arriba.
Chile, que todavía no ha podido encontrarse desde la llegada de Pizzi, perdió contra Argentina. Esta versión, comparada con la de Sampaoli, no sólo ha cambiado el dibujo táctico, sino que ha perdido esa presión asfixiante que los caracterizó desde las épocas de Bielsa convirtiendo a la roja en un equipo insoportable para cualquier rival. Queda mucho torneo; Vidal, Alexis y compañía todavía no han dicho la última palabra.
Argentina se vistió de contragolpeador y asestó dos golpes letales a Chile en su debut. Ante la irreemplazable ausencia de Messi, juntó en la media dos recuperadores con criterio como Augusto y Mascherano y apostó a la contra con la velocidad por fuera de Di María y Gaitán.
Buen inicio, y aunque entre sus compatriotas no faltará el iluminado que diga que la albiceleste juega mejor sin Messi, la realidad es que ya tiene tres puntos y falta todavía que juegue el mejor del mundo.
Colombia lleva puntaje perfecto y desea aprovechar para alzar la copa, con permiso de Valderrama y compañía, la mejor generación de futbolistas de su historia. La continuidad y solidez del trabajo de Peckerman da sustento a que esos sueños puedan convertirse en realidad.
Y a no descartar nunca a los uruguayos. Heridos en su orgullo, y con Suárez por venir, no dejarán de levantar la mano para alzarse con el título.
