Paella valenciana
El triunfo del Valencia el pasado fin de semana ante el Espanyol de Barcelona es un bálsamo en el sinfín de despropósitos del que está siendo víctima el conjunto ché desde que el magnate Peter Lim comprara el equipo en 2014. La inversión en clubes del futbol europeo ...
El triunfo del Valencia el pasado fin de semana ante el Espanyol de Barcelona es un bálsamo en el sinfín de despropósitos del que está siendo víctima el conjunto ché desde que el magnate Peter Lim comprara el equipo en 2014.
La inversión en clubes del futbol europeo por parte de capitales extranjeros provenientes de lejanas latitudes no puede ser catalogado conceptualmente de antemano como positivo o negativo. Debe ser juzgado desde dos perspectivas; la situación en la cual se da la inversión y, fundamentalmente, por la gestión deportiva que se implementa una vez que se produce la adquisición.
En este sentido, el futbol español ha tenido suerte dispar. Existiendo algunos proyectos serios como el que está acometiendo actualmente el Grupo Carso en el Oviedo, hubo otros casos que alcanzaron lo caricaturesco.
Quizá la experiencia más insólita vivida en España fue la de Dimitri Piterman, un acaudalado ciudadano estadunidense de orígenes ucranianos que fue máximo accionista de clubes con trayectoria como el Alavés y el Racing de Santander. Las extravagancias de Piterman sobrepasaron las funciones administrativas, y a pesar de contar con un claro desconocimiento, asumía las funciones de entrenador. Las situaciones que surgieron de sus participaciones como director técnico ya forman parte del anecdotario más rocambolesco del futbol español.
Un poco menos circense, pero no menos lamentable, es la situación actual del Valencia, un club de gran tradición que no hace tantos años fue campeón de Liga y supo disputar dos finales de la Champions.
Inmediatamente después de que se firmara la compra del equipo, y luego de un interminable proceso administrativo, Lim otorgó el mando deportivo al portugués Jorge Mendes. El poderoso representante de jugadores inmediatamente colocó de entrenador a su compatriota Nuno. Los planes del binomio portugués no se tardaron en contrapuntear con los del director deportivo, Francisco Rufete, quien al poco tiempo debió abandonar la institución. Desde ese momento, casi nada se ha movido a nivel deportivo sin el beneplácito del súper agente; Bakkali, Enzo Pérez, Gomes, Santos… una lista interminable de futbolistas que como poco han sido corresponsables de la precaria situación deportiva actual.
Cuando el clamor popular hizo que la situación de Nuno en el banquillo fuera insostenible, Lim tomó su primera medida deportiva de forma autónoma: nombró técnico a su amigo y socio Gary Neville, quien además de no hablar español y no conocer la idiosincrasia del futbol local, no tenía experiencia previa como entrenador. Los resultados lo dejan de manifiesto.
La administración reciente en el Valencia es un manual de cómo no se debe gestionar un club de futbol. Haber entregado las llaves a un intermediario de jugadores y, además, tomar las decisiones sin contar con la estructura profesional que determine y ejecute una estrategia deportiva clara, son la clave para entender la pobre actualidad del equipo de Mestalla.
