Sol naciente...
Por demás románticas e inolvidables resultan aquellas historias de boxeadores mexicanos que viajaron a Japón en busca de fama y fortuna, pero ahora sólo quiero recordar a José Huitlacoche Medel y Ricardo Finito López. Transcurrían los años 70 del siglo anterior ...
Por demás románticas e inolvidables resultan aquellas historias de boxeadores mexicanos que viajaron a Japón en busca de fama y fortuna, pero ahora sólo quiero recordar a José Huitlacoche Medel y Ricardo Finito López.
Transcurrían los años 70 del siglo anterior cuando nuestro México se movía a un ritmo muy distinto al presente, cuando existía en el DF, entre otras cosas, el tranvía que nos transportaba desde el Centro y luego por toda la avenida de los Insurgentes hasta el estadio de la Ciudad Universitaria, por ejemplo.
Fueron los años en los que un peleador mexicano nacido en el barrio bravo de Tepito, conocido como el Huitlacoche, y de un corte de pelo a la flat tap, primero se le ocurrió derrotar a un personaje de gran atracción para los aficionados como fue José Toluco López para arrebatarle el título nacional gallo en 1959, luego se lanzó a una serie de aventuras en el lejano archipiélago japonés.
Fueron por lo menos diez combates los que sostuvo en aquellos cuadriláteros, lo que produjo una enorme admiración y respeto del público nipón, que reconoció la valentía y capacidad del tepiteño. Esa calidad provocó que su presencia fuera solicitada de manera frecuente, siendo estelar su asistencia en funciones de boxeo de aquel país tan especial. Ganó la mayoría, pero también perdió. Probablemente la más atractiva e importante y, por ende, más dolorosa fue cuando cayó en 15 asaltos el 3 de enero de 1967 en pelea de revancha contra Masahiko
Fighting Harada.
Como un reconocimiento a todos esos inolvidables acontecimientos decidió hacer la última pelea de su carrera en 1974, perdiendo por nocaut técnico contra Royal Kobayashi.
En algunas ocasiones he tenido oportunidad de conversar con Ricardo López acerca de ese tipo de compromisos en tierras orientales. Sin duda son todo un reto y con variedad de situaciones. El Finito me comentó no sólo del país del sol naciente, pues él peleó también en Corea y Tailandia, lo que abre aún más ese abanico de extraordinarios aprendizajes. Se lucha contra todo y contra todos.
Había que cuidar celosamente hasta el agua que se consume, los alimentos, las distancias entre el hotel y los gimnasios de preparación, y luego contra las temperaturas y clima del combate en general hasta llegar a enfrentar al rival en turno que, como sabemos, suelen ser bravos y muy difíciles.
En el caso del Finito sostuvo importantes combates en Japón, sin duda el más importante que realizó exactamente hace 25 años fue cuando derrotó a Hideyuki Ohashi para coronarse en la división paja y establecer una formidable marca de defensas, 22 en esa división. Luego fue campeón minimosca para retirase invicto con 51 victorias y un empate. Impresionante. Dentro de unas semanas, Carlos Cuadras defendiendo el cetro supermosca y Pedro Guevara el título minimosca expondrán en aquellas tierras. Pedro logró la corona mundial, como el Finito allá en Japón, venciendo por nocaut a Akira Yaegashi en diciembre de 2014; Carlos ya actuó ante el público oriental. Ese mercado hay que conservarlo, aunque sabemos que para ganar por allá hay que tener eso y otra cosita, como dice La Bamba…
