Todo en 115 libras

Mexicali, Baja California, de gente querida, de mucho calor o de mucho frío. Cuna de formidables deportistas como Enriqueta Basilio, que fue la primera mujer en encender un pebetero olímpico en los juegos de México 1968, del querido y recordado pelotero Ramón Diablo ...

Mexicali, Baja California, de gente querida, de mucho calor o de mucho frío. Cuna de formidables deportistas como Enriqueta Basilio, que fue la primera mujer en encender un pebetero olímpico en los juegos de México 1968, del querido y recordado pelotero Ramón Diablo Montoya, de Luis Antonio Abuelo Álvarez, arquero que ha representado a nuestro país en Juegos Olímpicos, o bien, de Alfredo Perro Angulo, de fiereza reconocida en el medio boxístico. Ahí nació Gilberto Román.

El cachanilla Román fue especial. Entre otras cosas porque fue el primer pugilista mexicano en alcanzar la faja mundial supermosca, el 30 de marzo de 1986. Antes de recibir esa oportunidad titular, Gilberto tuvo que fajarse en más de 40 peleas profesionales. Luego se fue al lejano oriente a derrotar a Jiro Watanabe, para traerse la faja de los 52:200. Un poco más adelante se enfrentó a  uno de sus más duros oponentes en su carrera, el argentino Santos Benigno Laciar. Tres duelos tuvieron y fue tan parejo su nivel que, en la primera, empataron, allá en Córdoba, Argentina; la segunda la llevaron a Francia y el pampero noqueó al mexicalense en 11 episodios, pero en la  tercera Gilberto derrotó a Laciar por decisión en 12 asaltos en Inglewood, California.

Tuvo una defensa de su cinturón en Mexicali contra el filipino Frank Cedeño. El mes de noviembre de 1989 perdió el título ante el ghanés Nana Konadu en la Ciudad de México, en una triste presentación. Su última pelea fue en Seúl, Corea, donde buscó recuperar la corona, perdiendo contra Sung Kil Moon: corría el mes de junio de 1990, tres semanas posteriores a este compromiso perdió la vida en un accidente automovilístico.

Entre algunos nombres que han destacado en la división de las 115 libras subrayo a Christian Mijares, Jorge Arce, José Gallito Quirino, Martín Castillo, José Luis Bueno, Diego Morales. Pero entre estos magníficos peleadores mexicanos debo destacar lo que el mochiteco Fernando Cochulito Montiel logró en ese peso.

Sus primeros logros fueron entre los moscas, pero fue en supermosca donde tuvo brillo, periodo que, sin embargo, inició con un momento muy amargo. En Las Vegas, Nevada, se enfrentó al panameño Pedro Rockero Alcázar, en disputa el fajín OMB. La pelea terminó en seis asaltos, pero el canalero se desplomó y, luego de un par de días, murió. Cochulito tuvo varias defensas del cetro hasta que invadió la categoría gallo y también supergallo.

Ahora es tiempo de seguir observando las posibilidades que tiene Carlos Cuadras, a quién nombran El Príncipe.

Este joven, que primero hizo una buena carrera amateur hasta convertirse en campeón panamericano en Río de Janeiro, para luego invadir el terreno profesional, al momento está invicto en 33 combates profesionales. Se hizo monarca el año pasado y tiene tres defensas de la diadema supermosca. La más reciente contra el nicaragüense Luis Concepción. Pudo ser esta la pelea de mayor complejidad, puesto que su rival le exigió. Cuadras reúne cualidades que podrían ubicarlo entre los consentidos: boxeo y pegada son parte de él, carisma no le falta; luego viene lo difícil, mostrar constancia y regularidad. Mañana la cuarta defensa contra otro nicaragüense, Dixon Flores.

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