Boxeo en las cortes

Hace unas horas conocimos la demanda que la empresa Top Rank, que dirige Bob Arum, estableció en California contra Al Haymon, quien, tiempo atrás, se convirtió en el enemigo a vencer para cualquier grupo de boxeo, promotor o aventurero que tenga deseos de trabajar en ...

Hace unas horas conocimos la demanda que la empresa Top Rank, que dirige Bob Arum,  estableció en California contra Al Haymon, quien, tiempo atrás, se convirtió en el enemigo a vencer para cualquier grupo de boxeo, promotor o aventurero que tenga deseos de trabajar en la promoción del boxeo en Estados Unidos. Ya con anterioridad Óscar de la Hoya también estableció otra demanda millonaria contra este peculiar personaje. 

Tanto Arum como De la Hoya se quejan, en sus respectivas querellas, de procedimientos monopólicos con los que se conduce Haymon. Arum demandó por 100 millones de dólares, mientras que De la Hoya se fue más lejos, 300 millones de dólares. Tanto uno como otro lanzan sus penas al viento argumentando que se ha violentado la famosa Acta Alí, que se estableció el año 2000 y fue aprobada por el Congreso estadunidense para proteger a los boxeadores de los tiburones que hay alrededor del pugilismo.

Los demandantes alegan, entre otras cosas, que Haymon y sus empresas impiden que peleadores con contrato firmado con ellos puedan ser promovidos por otras empresas (entre otras, GBP y Top Rank), que se han apoderado de incontables fechas de televisión para luego renegociar con esas mismas, que impiden que los boxeadores de Haymon enfrenten a combatientes de las otras empresas, y algo revelador, que éste se desenvuelve como manejador, representante, promotor, patrocinador, boletero, y hasta el que vende los refrescos en las arenas, lo que molestó a muchos grupos que quedaron excluídos de la posibilidad de entrar al negocio.

Por su parte, Haymon contesta diciendo que esas empresas que le demandan insisten en practicar políticas que en el pasado les redituó jugosas ganancias y no es otra cosa que un burdo intento de llevar a las cortes sus obsoletas ideas. Aclara también que, por sus propios esfuerzos, tanto de él como de sus socios, han llevado de nueva cuenta al boxeo a transmitirse en televisión abierta en Estados Unidos y que ha resultado todo un acontecimiento.

Lo malo de toda esta guerra que se efectúa entre las más poderosas empresas es que el boxeo mismo, el que todos deseamos ver sobre un cuadrilátero, corre el grave riesgo de detenerse o bien, bloquear los mejores combates confinándolos al olvido, mientras que la mejor pelea se libra en cortes y tribunales, inconcebible…

Por otro lado, el pasado miércoles se cumplieron seis años de la partida de mi querido flaco Alexis Argüello. Se le recuerda con admiración. Difícil olvidar la forma en que platicaba sus recuerdos de peleas memorables, como cuando enfrentó a Rubén Olivares o los dos enfrentamientos contra Aaron Pryor. Pero me alegra que en Nicaragua promuevan la realización de eventos especiales para recordar su legado. Murió cuando apenas rebasó los 57 años de edad, en circunstancias que, en lo personal, jamás entenderé, pero quedan en mi memoria aquellos días cuando, entusiasmado, me mostró su trabajo con los jóvenes boxeadores de Managua, la capital de su bello país.

Gracias, profe Gustavo Rodríguez Vivas, tiene razón, volví a cometer el mismo error de confundir Robinson con Leonard.

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