Se protegen unos a otros

Con la posible doble participación de Javier Aguirre en el amaño de dos encuentros de la liga española, en México se desató la búsqueda de casos similares. Muchas voces que parecen más que oportunistas salen a dar versiones de cosas raras, pero sin presentar ninguna ...

Con la posible doble participación de Javier Aguirre en el amaño de dos encuentros de la liga española, en México se desató la búsqueda de casos similares. Muchas voces que parecen más que oportunistas salen a dar versiones de cosas raras, pero sin presentar ninguna prueba, mismas que no tienen aquellos que siguen afirmando, partido a partido, que en Sudamérica perjudican a los clubes mexicanos. En ambos casos se trata de apreciaciones para buscar un lugar en los medios y justificar el mal accionar muchas veces de los clubes, otros, que ya hemos mencionado, llevan 40 años asegurando que equipos como el América son beneficiados por favores federativos y principalmente del arbitraje, pero tampoco cuentan con argumentos que lo comprueben.

Hay muchos casos, pero nadie quiere involucrarse verdaderamente para denunciarlos. A principios de la década de los años 60, directivos del Monterrey fueron sancionados por acusar a la Federación de regresarlos a la Segunda División con arbitrajes tendenciosos. En  el inicio de los 70, el árbitro Jacobo Vela renunció a seguir silbando luego de ofrecerle dinero para beneficiar a un determinado conjunto.  En los 80, dicen que varios árbitros influyeron en la definición de marcadores para obtener el primer lugar en la quiniela, cobrar y retirarse.  En los 90 y principio del siglo XXI, varios directivos presionaron a los silbantes para sacar mejores resultados pagando con regalos y comilonas, etcétera.

Simplemente con los resultados deportivos nos podemos dar cuenta del proteccionismo existente entre la familia futbolística. ¿Qué se puede esperar entonces del amaño de partidos? Hace una semana dos de los auxiliares de Javier Aguirre fueron destituidos de sus cargos como directores técnicos del Morelia y Querétaro, respectivamente, entonces,  pocas voces estuvieron de acuerdo. Las críticas fueron mínimas y los etiquetaron de mala suerte, cuando se trata de dos de los peores entrenadores en la actualidad, al menos, así lo dicen sus estadísticas ofreciendo entre los dos 40% de efectividad.

Curiosamente cada semana se escuchan análisis positivos y extraordinarios de casi todos los equipos, técnicos

y jugadores, pero cuando llegan las convocatorias a la

Selección mayor le dan la razón al timonel en turno de que tiene un plantel limitado. Entonces no todos eran buenos. Lejos de detectar y señalar las deficiencias técnicas de los futbolistas o hacer énfasis en la poca profundidad que buscan los estrategas con los sistemas de juego, todo se recarga en el trabajo arbitral, convirtiéndose en los defensores de las instituciones y dejando al espectador confundido y con versiones subjetivas.

Hace unos días, uno de los expresidentes del club Monterrey, Gilberto Lozano, denunció actos de corrupción en el futbol mexicano en la última década del siglo XX e incluso lanzó acusaciones contra Antonio Mohamed, ahora técnico rayado. Pero no da nombres ni muestra pruebas pero, así como lo oyeron o leyeron, se escucha a los que partido a partido de Copa Libertadores aseguran que los árbitros perjudican a los equipos mexicanos sin tener evidencias, como tampoco la tienen cuando los jueces de caminata descalifican a los andarines o no contabilizan puntos en el boxeo olímpico y taekwondo, mucho más en los clavados o cualquier otra disciplina deportiva de apreciación. Todos acusan desde una posición cómoda, pero nadie ha tenido el valor civil para denunciarlo y probarlo.

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