Gracias, Chucho
Admirablemente, siempre fuiste un campeón de las relaciones públicas

Pablo Carrillo
La neurona
Mientras escucho el Huapango de Moncayo interpretado por uno de los mejores mariachis de la historia, recuerdo con mucho cariño al ahora añorado Chucho Arroyo Aguirre, quien falleció el pasado domingo. Precisamente, decidí acompañar con música el momento de escribir esta colaboración, pues resulta también una manera muy sencilla, pero sentida, de homenajear a uno de los promotores más importantes de la gastronomía, la tauromaquia y las tradiciones mexicanas.
Recuerdo con gratitud la convocatoria que a finales de los años ochenta me hizo el también añorado Gallo Calderón, para acompañarlo en sus programas de radio que se transmitían en la XEW, los viernes a la hora de la comida y durante la tarde, denominados Sobremesa Arroyo, en los que el gran Juan Calderón hacía un programa exquisito, tal como las viandas que apenas habíamos degustado.
Personajes de la música, la actuación, del deporte y demás espectáculos, se daban cita para comer y, posteriormente, hacer un muy ameno programa. El Gallo me convocó para invitar a protagonistas de la fiesta brava y así comencé a participar al lado de uno de los mejores conductores de la radio y la televisión, así como con el querido Chucho Arroyo, Juan José Guerra, y demás amigos, quienes con su calidad, simpatía y conocimientos divertían a una inmensa audiencia. Hasta esos días me pude percatar de la trascendencia e historia que se vibraba en ese sitio: fotografías de Chucho con innumerables personajes de los medios de comunicación, deportistas, artistas, políticos y demás personas de la historia de nuestro país. Todo resultaba un compendio gráfico de la historia de Arroyo.
Barbacoa, carnitas, chicharrón, guacamole, agua de jamaica y horchata y dulces mexicanos, entre muchas otras delicias acompañadas del mariachi y bailables folklóricos, enmarcan las suculentas estancias en ese recinto evocador de valores y tradiciones. Ya ni hablar del enorme amor que le profesó a la fiesta brava como ganadero, empresario y aficionado práctico. Siempre un motor para engrandecer y promover sus gustos y herencias culturales. Gracias, Chucho, por tanta amistad, por tanto cariño que siempre profesaste a mi adorada madre, por siempre ser generoso y amigo de tus amigos. Admirablemente, siempre fuiste un campeón de las relaciones públicas, un fuera de serie. Ahora espero que los tuyos sigan tu legado, homenajeando cada uno de tus múltiples emprendimientos y éxitos, manteniendo, por muchos años, la gran historia y calidad de Arroyo.
Descansa en paz, Jesús Arroyo Aguirre.