Sencillamente fantástico resulta el Abierto de Los Cabos, evento que se desarrolla en el punto más austral de la península de Baja California, un paradisiaco lugar que ha detonado un polo de desarrollo turístico excepcional, proveedor de una infinidad de puestos de trabajo, curiosamente para una gran cantidad de acapulqueños que aquí han encontrado una forma de crecer ante los terribles embates de los fenómenos naturales y los problemas de inseguridad que tanto han golpeado al bello Puerto de Acapulco.
El gran torneo ATP 250, Abierto de Los Cabos, ha tenido como su principal atracción al número diez del ranking, el ruso Andréi Rublev, que ha dejado muestras de su formidable tenis en el partido en el que enfrentó a el famoso Pachón, Alex Hernández, nacido en Acapulco, que había logrado en la primera ronda un épico triunfo ante el japonés Taro Daniel; en ambos casos, la desventaja en el ranking era abismal y, a pesar de ello, el nuestro logró, con su triunfo ante el nipón, una importante cantidad de puntos, así como dinero, que le ayudarán a continuar en su lucha tenística por encaramarse a los trescientos mejores del planeta.
Mientras que el mejor de los nuestros en las clasificaciones de la ATP, el jovencito yucateco Rodrigo Pacheco, perdió en la primera ronda, hubo otro notable triunfo de un tenista mexicano, el de Luis Carlos Álvarez, jugador que actualmente representa a la universidad de Oklahoma y que en las vacaciones escolares se da tiempo de jugar torneos profesionales, y que logró ganar en la primera ronda ante el australiano James McCabe, un triunfo enorme ante la disparidad de las clasificaciones; ahora seguirá durante el verano jugando torneos profesionales para regresar a los estudios y a la representación deportiva de su universidad en su último año como amateur.
Existe un común denominador con los tres mejores tenistas nacionales en la actualidad, todos han surgido en la escuela TCP, tenis con pasión, dirigida por Alain Lemaitre Sendel, un enamorado de su deporte y su desarrollo que, ante toda clase de adversidades, en particular los inmundos e ineficaces manejos del tenis a nivel federativo, él y su equipo, sencillamente, se han puesto a trabajar, consolidándose como los únicos reales generadores de talentos de alto rendimiento tenístico en la actualidad con su academia en Mérida, Yucatán, una labor que merece un gran reconocimiento, el mayor de los respetos, pero, sobre todo, una felicitación, pues el trabajo y la eficacia con la que han luchado a lo largo de décadas, cada vez más, está generando talentos como los mencionados con antelación.
¡Felicidades, Alain Lemaitre, felicidades a TCP!
