Del mundo mundial (VIII)

Veinticuatro horas después de haber sido citados para viajar a Ekaterimburgo, escribo después de una odisea de dos vuelos de dos horas, ida y vuelta, desde Moscú esta colaboración, lamentablemente, muy decepcionado del accionar del equipo nacional que, sencillamente, ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Veinticuatro horas después de haber sido citados para viajar a Ekaterimburgo, escribo —después de una odisea de dos vuelos de dos horas, ida y vuelta, desde Moscú— esta colaboración, lamentablemente, muy decepcionado del accionar del equipo nacional que, sencillamente, desapareció del mapa después de haber brillado con intensidad en los dos primeros partidos.

Para nuestra desgracia, el rival en turno es Brasil, la tercera selección más cara, hombre por hombre, del presente Mundial, mientras que un empate nos hubiera permitido enfrentar a Suiza, al que, francamente, se le debería ganar en la mayoría de las ocasiones, sin embargo, una vez más, a la hora buena, los nuestros, por la razón que usted elija, no terminan de crecer.

Una y otra vez, el Profesor Chiflado, Juan Carlos Osorio, llamaba la atención de sus jugadores, especialmente de los del cuadro bajo, que se veían superados por las torres suecas, esas torres que, en la eliminatoria hacia Rusia, dejaron fuera a Italia, en base a su ordenado esquema defensivo y su peculiar ataque aéreo, que pone en jaque a las defensas rivales. Sin duda, Janne Andersson derrotó en el ajedrez táctico a Osorio, pues cerró los caminos al inofensivo ataque del Tri y a la contra resultaban muy peligrosos los embates de los vikingos.

Adicionalmente, los nuestros fallaron innumerables pases, se complicaron la vida, pues parecían estar desconcentrados, perdiendo, una y otra vez, balones que en los dos primeros encuentros jugaban con precisión y con mucha inteligencia. Se desmoronó el equipo, pero no sólo desde que llegó el gol de los rivales, sino desde el inicio del encuentro se vieron imprecisos, quizá sobrados, y los rivales jugaron a gran nivel. Se conjugó un muy mal partido de los nuestros y uno muy preciso de los rivales.

Ahora a remar, remar contra uno de los grandes favoritos para ser campeón en este torneo, a remar para intentar desprenderse de la pesada losa del imposible quinto partido, que, francamente, se ve imposible, más aún ante las respectivas actuaciones de los brasileños y los nuestros, es, sin duda, una misión imposible, sin embargo…

Ojalá que los nuestros consigan lo que sería la victoria más importante en la historia de nuestro futbol, sería maravilloso, pero el nivel no me parece que alcance, pues se necesitarían conjuntar muchos factores, como el que los nuestros jueguen el mejor partido de su historia, mientras que los brasileños tendrían que caer del gran nivel que han mostrado, sin duda que parece terminarse el sueño.

Lástima, una vez más parecía que sí…

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