Cincuenta años
Se han conmemorado cincuenta años del inicio de aquellos inolvidables Juegos Olímpicos México 68, en los que el mundo pudo observar a un país en pleno empeño por integrarse a los países más desarrollados de ese tiempo. Resultaba una maravilla para los visitantes el ...
Se han conmemorado cincuenta años del inicio de aquellos inolvidables Juegos Olímpicos México 68, en los que el mundo pudo observar a un país en pleno empeño por integrarse a los países más desarrollados de ese tiempo.
Resultaba una maravilla para los visitantes el sentir la calidez y hospitalidad única del pueblo mexicano. Sencillamente, los visitantes, deportistas, directivos y turistas que acudieron hasta nuestra nación quedaban maravillados ante la camaradería de todos quienes se desvivían por atenderlos y recibirlos, como lo sabemos hacer bien, con los brazos abiertos y como magníficos anfitriones. Ése fue uno de los sellos distintivos de México 68, así como aquella inauguración, el 12 de octubre de 1968, en la que la alegría y colorido de nuestras tradiciones pudieron plasmarse en la ceremonia que pasó a la historia por muchas razones, quizá la más importante, por la manera en que se pudo superar la grave crisis que apenas unos días antes se había sufrido con la noche negra de Tlatelolco, aquel 2 de octubre.
Recuerdo cómo, emocionado, el ingeniero Víctor Mahbub Matta, expresidente de los Pumas de la UNAM de futbol y enorme aficionado al deporte, especialmente al olímpico, me relataba de sus pininos como organizador en temas deportivos, pues en sus años como universitario formó parte de voluntariado que se encargó de hacer una labor titánica para poder echar a volar el gran compromiso de los Juegos Olímpicos. Me decía que la idea de integrar al público asistente para que, con sombreros expresaran la alegría de recibir y dar por iniciados los Olímpicos más emotivos que jamás se hubieran llevado a cabo, resultó genial.
Las palomas de la paz, símbolo preponderante en ese tiempo de la Guerra Fría, así como de momentos muy convulsos en nuestra nación, tenían aún un significado más profundo, ya ni hablar de aquellas centenares de palomas que se lanzaron al cielo, en un mensaje hermoso. Mención aparte, sin duda, fue aquel momento en que la atleta universitaria Enriqueta Basilio ascendía, uno a uno, los casi cien escalones que la llevaron desde el terreno de juego hasta la parte más alta del Estadio Olímpico Universitario para encender el pebetero de cobre que simbolizaba el inicio de unos extraordinarios Juegos Olímpicos.
Recordar, a pesar de que apenas contaba con seis años, imágenes imborrables que, por cierto, significaban también el poder ver la televisión de bulbos en colores, algo inaudito en ese tiempo. Bellos recuerdos de momentos que llenaron de brillantez y proyectaron al mundo entero un México que intentaba ser un gran país.
Enhorabuena…
