Arte puro
La Fiesta Brava vive a través del arte, y esto quedó plenamente de manifiesto en el marco de la Feria Guadalupana, en la Plaza México, el pasado sábado, cuando José Antonio Morante de la Puebla realizó una de las obras taurinas de mayor estética e inventiva, ...

Pablo Carrillo
La neurona
La Fiesta Brava vive a través del arte, y esto quedó plenamente de manifiesto en el marco de la Feria Guadalupana, en la Plaza México, el pasado sábado, cuando José Antonio Morante de la Puebla realizó una de las obras taurinas de mayor estética e inventiva, resultando hasta ahora, el máximo triunfador de la temporada grande.
Los aficionados cabales a los toros disfrutamos de una tarde de esencia, gracias a que el torero de La Puebla del Rio, Sevilla, encontró en el toro de nombre Peregrino, de la ganadería de Teófilo Gómez, a un gran colaborador, para juntos plasmar una de las páginas más sólidamente escrita, a través de la expresión más elevada del arte taurino.
Quienes concebimos a la tauromaquia como un arte celebramos la gran virtud de haber podido disfrutar de un concierto sinfónico de bien torear, gracias a la inventiva, lentitud y temple de un privilegiado como Morante. Los olés fueron un coro notable de los afortunados asistentes que parecían embrujados ante tal obra magistral. Desde el capote se presagiaba un gran triunfo, sin embargo, lo que ahí presenciamos ha quedado para la historia, me atrevo a decir que en mis casi cuarenta años de asistir asiduamente a innumerables corridas de toros, ésta ha sido una tarde inolvidable, de esas que merecen un largo rato de cavilación para poder comprender plenamente lo que ahí sucedió.
Gracias Morante, gracias Peregrino, toro que pasará a la historia también por que han sido una fusión del arte con la bravura y clase para poder generar momentos excelsos. Algo imprescindible para poder entender en éstos tiempos, la profundidad del arte taurino, para poder comprender por qué la Fiesta Brava sigue existiendo, a pesar de sus detractores.
Seguramente, querido Mati, escuchaste hasta el cielo los atronadores olés que vibraban desde los más profundo de las emociones de los aficionados en la Monumental de Insurgentes. Seguramente que habrás festejado el gran triunfo de tu artista de los ruedos preferido. Es muy complejo intentar describir a cabalidad un hecho lleno de tanta magia, de tantas virtudes. Celebro lo acontecido, pues significa una cita con la posteridad y con la infinita validez del espectáculo taurino.
Ahora a soñar por mucho tiempo con un hecho tan sólido e insólito, pues poder observar un instante en el que la bravura de un gran toro de lidia se conjuga con el arte, de tan altas notas, resulta altamente complejo, y por ello lo sigo degustando, como se hace con un gran vino, de esos de una cosecha excepcional.
Grande Morante, muy grande…