Laboratorio (III)
Una vez más el científico Osorio sale con una sorpresita en su alineación, y no me refiero a que iniciara con Jesús Dueñas como medio de contención, sino a la inclusión de tres hombres en la delantera encabezados por el Chicharito Hernández, flanqueado por los ...

Pablo Carrillo
La neurona
Una vez más el científico Osorio sale con una sorpresita en su alineación, y no me refiero a que iniciara con Jesús Dueñas como medio de contención, sino a la inclusión de tres hombres en la delantera encabezados por el Chicharito Hernández, flanqueado por los habilidosos Tecatito Corona e Hirving Lozano, eso sí que sorprendió a todos.
Honestamente, la ocasión parecía pintada para la inclusión del gran capitán Rafa Márquez, al que la vida le regaló en esta semana un hijo más; sin embargo, el viaje para estar al lado de su esposa a media semana parece que modificó la idea original de Osorio. Nadie me podrá negar que, salvo esa modificación, parece que todos estábamos de acuerdo en que el parado táctico es el mejor de acuerdo al desempeño eficaz que han tenido.
Francamente, el seleccionado chileno inició como ligero favorito para avanzar a la ronda semifinal considerando sus recientes torneos, así como la gran calidad del plantel, que encabezan Alexis Sánchez y el duro Vidal, no cabe duda que los de La Roja son un gran equipo.
Una vez más los nuestros salieron a la cancha del Levi’s Stadium en calidad de locales, pues más del 90% estaban con los de verde, que en esta ocasión salieron de blanco.
Nadie imaginaba el tremendo baile que nos daría el equipo chileno, que desde el propio inicio del partido se dedicó a darles un repaso a los muchachos de Osorio que, simplemente, no aparecieron. Ninguno estuvo a su nivel, no ligaron un solo pase y parecía que enfrentaban al mejor equipo del mundo, por cierto, el experimento de iniciar con Dueñas no funcionó, como tampoco funcionó ninguno de los elementos que salieron a la cancha. Pasaron los primeros 45 minutos con dos goles en contra y, simplemente, sin lograr una sola jugada, no eran capaces ni Herrera ni Guardado ni Dueñas ni nadie de tocar bien la pelota, de hacer una jugada, es más, Claudio Bravo era un espectador más, no tuvo ningún momento de apremio, pues allá del otro lado ametrallaban la portería de Ochoa, que tuvo mucho que ver en el primer gol de los rivales.
Llegaría después la debacle, el rosario de goles y la derrota histórica, se acabó la luna de miel, se terminó el inicio fantástico del científico Osorio, se acabó el proceso que sería el bueno, ahora a sufrir también en la eliminatoria, a sufrir.
Pero bienvenidos los extranjeros al por mayor, la regla 8-10 y tantas decisiones absurdas que claramente no ayudan.
Ni hablar…