Primavera
La primavera llega siempre con tonos de Vivaldi y canto de aves. Pues llegó la primavera y con ella los deportes que tradicionalmente inician en esta estación, como el beisbol que a tantos apasiona y que también genera los talentos deportivos nacionales que se ...

Pablo Carrillo
La neurona
La primavera llega siempre con tonos de Vivaldi y canto de aves.
Pues llegó la primavera y con ella los deportes que tradicionalmente inician en esta estación, como el beisbol que a tantos apasiona y que también genera los talentos deportivos nacionales que se desempeñan con éxito en la mejor liga de su respectiva especialidad, la MLB.
Por lo pronto, también trae a la Ciudad de México una de las épocas del año más maravillosas, pues la ciudad se tiñe de morado claro, casi lila, con los miles de árboles de jacarandas que existen en innumerables calles de esta megalópolis, y ello me trajo recuerdos de un hombre excepcional, Antonio Ariza Cañadilla, con quien puedo decir que establecí, afortunadamente, una bonita amistad, y digo afortunadamente, pues Don Antonio era un ser de excepción, un caballero y filántropo de esos que ya casi no existen.
Don Antonio, a pesar de ser andaluz, jerezano, fue quizá más mexicano que muchos aquí nacidos, pues amó a este país con devoción. En una de tantas reuniones sugirió que grabáramos para aquel programa taurino, Grana y Oro, una entrevista con Don Álvaro Domecq y Díez, cosa que inmediatamente generó que escribiera, de puño y letra con tinta morada primaveral, una carta, que era un poema, para recomendarnos, y así poder hacer dicha grabación en los Alburejos, finca llena de añeja tradición ganadera. Lástima que no me quedé con ella.
En la actualidad uno de los escritores más reconocidos en nuestro país, Jorge F. Hernández, escribe sus muy exitosos libros, iniciando con un boceto hecho en tinta morada, como aquel obispo y oro con el que soñaba, en sus tiempos de novillero, partir plaza en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. La Emperatriz de Lavapiés fue concebida en tonos de jacaranda capitalina y rematada en flores de ese mismo tono en el Retiro, eso me cuenta Hernández.
Pues ha llegado el momento de florecer de nuevo, de regenerarse, de iniciar un ciclo nuevo, que, como la pelota caliente, arranca con las estadísticas en cero en la búsqueda del juego perfecto, del jonrón, del triunfo.
Mucho me gustaría ver a mi país renaciendo en el deporte a pesar de ser una sociedad enferma de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes. Nos urge reinventarnos y mover a la sociedad íntegra, sin esperar a que alguien lo haga. No podemos darnos el lujo de permitir que sigamos engordando y enfermando ante la complacencia de quienes, en lugar de pichicatearle dinero al deporte y a la activación física, como la SEP, lo promovieran como el remedio más efectivo para un mal que mata y enferma a pasos agigantados a los mexicanos.
Urge.