Del miedo a la mierda
Nuestro futbol está acostumbrado a declaraciones suaves, matizadas y, en ocasiones, disfrazadas. Hemos pedido muchas veces mayor claridad en las declaraciones; salir de terribles y aburridos lugares comunes y, cuando esto se presenta, entonces decimos que la ropa sucia se ...
Nuestro futbol está acostumbrado a declaraciones suaves, matizadas y, en ocasiones, disfrazadas. Hemos pedido muchas veces mayor claridad en las declaraciones; salir de terribles y aburridos lugares comunes y, cuando esto se presenta, entonces decimos que la ropa sucia se lava en casa y volvemos al patético tema de los mentados códigos internos.
Pedro Caixinha tiene sus conclusiones terminando el juego contra América, y para él su equipo fue presa del “miedo escénico”. Señaló directamente a sus futbolistas por hacer cosas el sábado muy diferentes a las que hicieron en sus campos de entrenamiento durante la semana.
Postura poco usual, pero que en lo personal no me parece grave, y menos porque seguramente sus futbolistas escucharon esas mismas palabras de su boca. Pero da igual.
Y podemos discutir si existió o no miedo, cosa que me niego a creer, pero al menos el diagnóstico podría arrojar una “parálisis futbolística” poco usual en un equipo como el que dirige. Lo que definitivamente resulta inaceptable es que se deslinde y se manifieste cansado de dar tanto y recibir tan poco. Y es inaceptable porque es quien comanda la nave y debería asumir su posición al menos como corresponsable en las malas y en las buenas.
Difícil encontrar víctimas en el futbol y más en la posición del portugués.
Víctima resultó el pueblo francés, enviado a la mierda por el futbolista que más cobra en su liga: Zlatan Ibrahimovic. Ya para terminar, dijo que su equipo, el PSG, no merecía jugar en un país así.
No es la primera vez que el destino al que envió al país se le sube a la cabeza. No es novato en estos asuntos, donde se va de boca y termina agachando la cabeza. Aunque francamente no encuentro una salida más digna de este asunto que no sea despedirse del equipo una vez culminada la temporada.
De poca clase y gigantesco mal agradecimiento a un país que le da de comer y para mucho más.
Gran jugador, pero muy poca categoría. Así es el sueco.
