Un villamelón de alcurnia
Finalmente podremos ver en el mismo escenario a Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao.
Deberíamos saber más de boxeo por tratarse del deporte que más satisfacciones le ha brindado a nuestro país. El que más campeones ha producido e, incluso, por tratarse de una actividad que va muy de la mano con la personalidad del mexicano.
Pero no todos sabemos de box e incluyo a uno que otro que sin saber absolutamente nada nos obliga a ver las peleas que nos gustan en modo “mute” durante los rounds que le tocan narrar, porque eso de reírse mientras dos deportistas ponen en riesgo su vida, gritar y carecer de todo conocimiento resulta poco más que patético. Muy pocos como Eduardo Camarena, Javier Sahagún o Alfonso Morales o Rodolfo Vargas, y no incluyo a los exboxeadores o analistas que de alguna u otra manera han estado ligados siempre al boxeo, porque se trata de especialidades diferentes.
El caso es que se anuncia lo que será el evento deportivo del año y el que, sin duda, tendrá los más altos números de audiencia. Finalmente podremos ver en el mismo escenario a Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao, donde lo único que estará asegurado tiene que ver con el dinero: se moverán miles de millones en apuestas, una bolsa jamás vista, el pago por evento más vendido en la historia y los boletos con precios nunca antes vistos en el mercado, es decir, el dinero no será problema. Lo que está fuera de toda garantía es el espectáculo. Dicen los que saben, que esta pelea podría resultar incluso aburrida, donde predomine el estudio, el contraataque y el deseo de no perder más que el de ganar. Estos mismos dicen que Mayweather saldrá victorioso al tener más herramientas que el filipino.
Y qué paradójico resulta que uno de los deportes con más sospechas y situaciones extrañas siga generando tan altas expectativas. El morbo es el morbo y, por lo tanto, no descartaría en lo absoluto dos peleas en este mismo año, pase lo que pase, seguramente tendremos una reedición.
Por lo pronto me subo al avión de los villamelones y en el grupo de aquellos que desde hoy buscan un boleto. Resulta el pretexto perfecto para ir a Las Vegas, con lo que esto implica.
Soy de esos aficionados de ocasión, pero que no se pierden una sola función de alta convocatoria, digamos, un villamelón de alcurnia, con la diferencia de que los gritos e idioteces las grito en mi sala de televisión.
