Lo correcto
Nuestro siempre convulsionado planeta se encuentra en uno de los momentos de mayor tensión de las últimas décadas, la invasión de Rusia a Ucrania le ha traído más inestabilidad e incertidumbre al día a día que vivimos. Claro, que las guerras, y los conflictos ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Nuestro siempre convulsionado planeta se encuentra en uno de los momentos de mayor tensión de las últimas décadas, la invasión de Rusia a Ucrania le ha traído más inestabilidad e incertidumbre al día a día que vivimos. Claro, que las guerras, y los conflictos bélicos, por cualquiera que sea el motivo, siempre nos han acompañado, y cada uno de esos incidentes en los que la política se va por la ventana, y la sinrazón hace su aparición son motivos de enorme tristeza. Pero, el que una de las máximas potencias militares de la Tierra se involucre, con todo lo que esto conlleva, le ha dado un toque de mayor dramatismo a la decisión tomada por el presidente ruso, Vladimir Putin.
Obviamente no soy un experto en temas de geopolítica, ni pretendería escribir al respecto, la razón por la que escribí el párrafo inicial de mi columna es porque era lógico que lo que está sucediendo en aquel rincón del mundo, iba a afectar al deporte. Las reacciones no se hicieron esperar, individuos, instituciones, y organizaciones deportivas, mostraron su desprecio por las acciones tomadas por el mandatario ruso; nadie en su sano juicio podía estar de acuerdo o iba a encontrar algo positivo en algo tan siniestro y aberrante como la guerra. Conforme han ido pasando los días, desde que comenzaron los bombardeos a territorio ucraniano, las voces de desaprobación crecen, las manifestaciones en contra de la invasión, también, y los organismos de mayor importancia en el planeta han tomado decisiones con enorme repercusión para el deporte ruso y sus deportistas.
La semana pasada, la UEFA le quitó la sede de la final de la Liga de Campeones de Europa a San Petersburgo; el mismo día, la FIA dio a conocer que no habrá Gran Premio en Rusia. Además, Polonia, Suecia y República Checa se negaron a jugar la repesca rumbo a Qatar 2022 ante el seleccionado ruso. Ése fue sólo el inicio, ya que a esas decisiones, y a las manifestaciones en diferentes escenarios deportivos, con pancartas en contra de la guerra, banderas de Ucrania, y declaraciones en pro de la paz llegaron duras sanciones contra Rusia que dejan mal parado a su deporte, y que desafortunadamente afectan a sus deportistas (que pagarán por el autoritarismo y la sed de poder de su presidente), pero que eran inevitables; algo así no se podía pasar por alto.
El COI ha recomendado a las federaciones deportivas internacionales, no invitar a los atletas de Rusia ni de Bielorrusia (que ha apoyado a Putin) a competir en sus países; la FIFA excluyó a Rusia de la repesca mundialista, y la UEFA, por el momento, expulsó de la Europa League al Spartak.
Hay más violencia en el mundo, que también debería ser condenada, y no sólo ésta; que la política y los intereses económicos juegan su papel en las decisiones que órganos como el Comité Olímpico, la FIFA o la UEFA han tomado o han dejado de tomar, pero no hay duda de que han decidido ir por el camino correcto.