Pureza quebrantada

En teoría las grandes justas deportivas son una celebración de los mejores valores que el ser humano posee. En ellas, los buenos aficionados disfrutan al ver a sus grandes ídolos hacer cosas extraordinarias, que despiertan la imaginación y motivan a intentar ser mejores ...

Juan Carlos Veraza

Juan Carlos Veraza

El deporte por nota

En teoría las grandes justas deportivas son una celebración de los mejores valores que el ser humano posee. En ellas, los buenos aficionados disfrutan al ver a sus grandes ídolos hacer cosas extraordinarias, que despiertan la imaginación y motivan a intentar ser mejores en lo cotidiano. Estos eventos masivos generan enorme expectativa entre las personas que pueden asistir a los escenarios en donde se llevan acabo, al igual que entre millones de fanáticos alrededor del mundo.

Deberían ser exclusivamente festividades que sirvan de ejemplo para demostrar que entre las razas y nacionalidades es posible compartir un momento de paz, en el que lo fundamental sea la sana competencia, no el evidenciar traumas, prejuicios e ideas retorcidas del nacionalismo mal entendido.

Penosamente esto no siempre ocurre; de nuevo un magno evento de futbol se ha visto empañado por la violencia, que desde hace tiempo ha ensombrecido este popular deporte: el turno es ahora en la Eurocopa, que comenzó el viernes. Las autoridades siguen buscado, sin éxito, la manera de aplacar estos brotes.

Los actos vandálicos ya golpearon a Francia, país de por sí inmerso en el temor de más ataques terroristas, como aquellos que sacudieron París en noviembre pasado, y que han tenido a los franceses en alerta constante desde entonces. Ahora “fanáticos” de distintas naciones han generado temor en los días previos al arranque del torneo continental y durante los primeros del mismo.

Como ya se ha visto en el pasado, personas dispuestas a todo, menos a apoyar cabalmente a sus respectivas selecciones, han ocasionado repulsivas escenas de violencia, que nos muestran lo lejos que estamos de poder vivir fraternalmente. Estos individuos no son capaces de dejar de lado, ni siquiera por un momento, sus frustraciones y pensamientos desquiciados sobre lo que significa el amor a sus países.

No vivimos en los años en que casi exclusivamente los hooligans ingleses eran quienes engendraban pánico en los estadios europeos y sus alrededores. La nueva realidad que tiene enfrente el Viejo Continente es la de un racismo en crecimiento y la radicalización de las ideas, por lo que la Eurocopa es el campo perfecto para la expresión violenta de estos inadaptados.

Me genera inmensa tristeza pensar que, al parecer, nada cambiará esto. Las ideologías religiosas, políticas y nacionalistas, sumadas a crisis económicas, al igual que otros factores sociales, seguirán empujando a las personas a pelear con sus semejantes.

El deporte se contamina de los males que enferman a la sociedad y le impide abstraerse de los mayores problemas que aquejan a nuestro convulsionado planeta. De esta manera, quebranta todo lo que el deporte representa en su forma más pura. Irremediables la corrupción, la trampa y, en este caso, la violencia, nos rebasan.

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