El ponche a Rose
Pete Rose heredó de su padre el espíritu de un ganador, que fue el sello que lo marcó en su paso por las Grandes Ligas. Pero también fue por su progenitor que conoció las apuestas en las carreras de caballos, sin imaginar que sería el comienzo de una adicción que ...
Pete Rose heredó de su padre el espíritu de un ganador, que fue el sello que lo marcó en su paso por las Grandes Ligas. Pero también fue por su progenitor que conoció las apuestas en las carreras de caballos, sin imaginar que sería el comienzo de una adicción que arruinó su carrera.
Rose, originario de Cincinnati, escribió, precisamente con los Rojos, sus más grandes historias. Su vida era el beisbol y siempre lo jugó al máximo.
En una ocasión le dijo a los periodistas: “Puedo estar enfermo como un perro al llegar al estadio, pero al ver mi uniforme ahí colgado, mi salud mejora de inmediato”.
Los 4 mil 256 hits que acumuló a lo largo de 24 años desde su debut en 1963, lo hacen dueño de unos los récords imposible de igualar.
Logró tres títulos de bateo, fue Novato del Año y Jugador Más Valioso y se convirtió en un elemento importante de La Máquina Roja, el equipo de Cincinnati que brilló en los años 70. Además, ganó la Serie Mundial en tres ocasiones.
Terminó con .303 de promedio de bateo y fue seleccionado en 16 ocasiones el Juego de Estrellas, fue precisamente en uno de estos duelos de exhibición en el que no se tentó el corazón para llegar como locomotora a la registradora y conseguir la carrera del triunfo, sin importar lesionar a su amigo, el catcher Ray Fosse, quien terminó con fractura y separación de su hombro. Así era Pete Rose.
Luego sería manager-jugador de los Rojos y su futura llegada al Salón de la Fama de Cooperstown era cuestión de tiempo.
Pero en plena temporada de 1989, se encontraron varios boletos de apuestas con el nombre de Pete Rose en un restaurante de Ohio. Ese extraño hallazgo llevó al entonces comisionado de la MLB, Bart Giamatti, a abrir una investigación que concluyó con el llamado Informe Dowd.
En ese extenso trabajo realizado por el abogado John Dowd, se descubrió que Rose apostaba desde 1975 y que llegó a perder 450 mil dólares en un periodo de tres meses en 1987.
Pete Rose, quien en un principio negó ser apostador, terminó por aceptarlo, aunque justificó que nunca lo hizo en un juego de su equipo. Años más adelante en su libro Mi prisión sin rejas admitió que sí lo hizo, pero nunca para perder.
El Informe Dowd dio a conocer que, como manager de los Rojos, Rose apostó en 52 juegos, de los cuales su equipo ganó 29. El 24 de agosto de 1989 firmó un acuerdo con Giamatti en el que se convertía en inelegible para Grandes Ligas.
Nunca alcanzó el perdón y, desde entonces, el considerado uno de los más grandes beisbolistas sólo recibió algunos homenajes.
Sus ingresos en este tiempo fueron principalmente de las sesiones de firmas de autográfos que encabezaba en Las Vegas, en donde vivió hasta su muerte el pasado 30 de septiembre.
