¡Quo vadis, deporte?

Qué breve es la vida. Pasa tan rápido que, a veces, sin que nos demos cuenta, por fortuna, borra pasajes desagradables de la memoria. La asociación de ideas de cómo se rompe la axiología del deporte por influencia de la política, la ignorancia, los intereses ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Qué breve es la vida. Pasa tan rápido que, a veces, sin que nos demos cuenta, por fortuna, borra pasajes desagradables de la memoria. La asociación de ideas de cómo se rompe la axiología del deporte por influencia de la política, la ignorancia, los intereses crematísticos, la descomposición de la sociedad, extrae de lo más profundo y coloca en la superficie la presencia del asesino Oscar Pistorius ante el transgénero Lia Thomas. Representan dos universos totalmente diferentes, sin existencia de paralelismo ni punto de contacto en las personalidades de uno y otro; ni en la conducta, pero sí, una similitud, reflejo de ignorancia o confusión en cuanto al juicio que acerca de ellos se ha hecho desde la esfera deportiva, social, científica, legal, jurídica, de derechos humanos. El deporte debe juzgarse bajo su propia naturaleza (flota el pensamiento vigente del español José María Cagigal: “El drama actual del deporte es que los estudios serios que de él se hacen no son conocidos, no ya por la masa de aficionados, sino por la gran mayoría de informadores, ni siquiera por los dirigentes ni políticos responsables. La ignorancia no se queda en la masa sino que invade esferas de altos responsables”.). El pasado 14 de febrero se cumplieron 10 años de la muerte de la modelo Reeva Steenkamp, asesinada por Oscar Pistorius, una persona que tuvo problemas genéticos; a los once meses le amputaron ambas piernas. Competía en Juegos Paralímpicos, pero decidió, con artificios espurios y sensibloides, participar en los Juegos Olímpicos. No obstante que científicos de la Universidad de Colonia comprobaron y corroboraron que se beneficiaba con unas cuchillas de fibra de carbono, con lo que rompía las reglas del deporte, fue autorizado por el TAS para competir en JO. Establecimos desde siempre, en este espacio, que Pistorius era un tramposo. Y que cualquier persona con un barniz científico llegará a la misma conclusión. Estólida, burda y artificialmente, un núcleo social cerró los ojos del razonamiento y lo elevó a la categoría de héroe. Después, todo se desmoronó desde la base como un castillo de arena al ser bordeado por el agua y espuma de la ola. Los argumentos de admiradores y defensores del sudafricano se hundieron como plomo y desaparecieron del mapa. Sólo un ser incompleto y enfermo pudo expresar aquella frase vacía: “Si mi novia viviera, no le gustaría verme en la cárcel”. Los argumentos del TAS fueron, son y siguen siendo de idiotez olímpica; aplicarlos al maratón habría destruido los cimientos del atletismo. Actividades lúdicas, el ejercicio, la competencia son un derecho universal. Si a Pistorius se le observa desde la física, a Lia Thomas debe observársele desde la fisiología. En el deporte se debe competir entre iguales. Uno y otro al autorizarles romper la equidad, los convierte en tramposos. Estamos de cabeza. Otra vez la burra al trigo, ¿cómo una sola persona puede atropellar a todo un núcleo de deportistas y mujeres por desconocimiento de la naturaleza y esencia del deporte? ¡Quo vadis, deporte?

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