Oro, niño prodigio
Desde el hemisferio austral llega la información de que un niño argentino de nueve años, Faustino Oro, acaba de dar un salto fantástico en fuerza ajedrecística. Y en el comparativo por edades en la valoración objetiva Elo, que representa la marca o fuerza del jugador, ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Desde el hemisferio austral llega la información de que un niño argentino de nueve años, Faustino Oro, acaba de dar un salto fantástico en fuerza ajedrecística. Y en el comparativo por edades en la valoración objetiva Elo, que representa la marca o fuerza del jugador, aparece de un orden superior a la que el actual monarca mundial, Magnus Carlsen, manifestaba ¡a los 11 años! Faustino Oro, que aprendió a jugar en el 2020, durante la pandemia, adquiere de súbito en su progresión la rapidez de un meteoro. Se suma a las deslumbrantes actuaciones de prodigiosos jugadores precoces de Asia, India, China, Uzbekistán… El ajedrez vive como ninguna otra actividad de lucha una explosión de modernidad evolutiva en función a la tecnología, las computadoras, los engines capaces de calcular en menos de un segundo millones de combinaciones que han modificado conceptos, estudio, enfoques, estrategia, táctica, incluso metodología.
A la distancia, como si se estuviese formando cerca de las orillas del Mar del Plata un mosaico con teselas de intensos y brillantes colores, podría hablarse, en primer término, de la conjunción de talento, método y entorno; la herencia que se formó en Argentina en 1927 con el legendario match Capablanca vs. Alekhine, y en 1939, con notables jugadores extranjeros que, tras la Olimpiada de Buenos y el estallido de la II Guerra Mundial, se quedaron a residir en Buenos Aires, como Miguel Najdorf, Gideón Ståhlberg, Miguel Czerniak, Herman Pilnik… cuyos conocimientos estimularon el magisterio fecundo de Roberto Grau y, años después, la aparición de Óscar Panno, primer campeón mundial juvenil de Argentina. Acaso Faustino haya abrevado de las clases magistrales sabatinas del GM Panno.
En el reciente torneo del Círculo de Ajedrez Torre Blanca de Buenos Aires, 17 al 24 de marzo, este prodigio finalizó en el tercer lugar con 5 puntos reales, después del fuerte maestro internacional Pablo Acosta (2,482 puntos Elo), con 7 puntos de 9 posibles, y del MF Joaquín Fiorito (2,348), 6 puntos. Con ambos empató y concluyó con +2,=6,-1. Y saltó de 2,211 a 2,288.2 puntos Elo. Si esto no le dice nada a alguien ajeno al ajedrez, señalemos que Carlsen, en abril de 2001, a los 11 años, tenía un Elo de 2,064 puntos. Y que el astro indio Arjun Erigaisi, a los nueve años, apenas rondaba entre los 1,700 y 1,800 puntos Elo. ¡Faustino Oro roza ya los 2,300 puntos!
Nos llega una versión por comprobar que Oro da el mate de rey, alfil y caballo contra rey en 0 segundos, mediante el pre-move, es decir, anticipándose a los movimientos del rey adversario, con relampagueantes movimientos de coordinación, rapidez y exactitud, en una singular expresión de armonía de las piezas y en el manejo del mouse o ratón. Su entrenador es el maestro internacional Jorge Rosito, un jugador que, con menos fuerza, ha preparado a jugadores más fuertes, entre ellos al GM Diego Flores, cinco veces campeón nacional de Argentina. La corriente de energía de este precoz talento nos conduce a una reflexión sobre el deporte mexicano. (>).