Matrioshka
El atletismo sigue en el movimiento de vórtice producido por el récord mundial del ugandés Joshua Cheptegei en los 5,000 m planos, 12:35.36. Se corporeizan el inglés David Moorcroft 13:00.41 y el marroquí Said Aouita 13:00.40 al arañar los 13 minutos hace 38 años, en ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El atletismo sigue en el movimiento de vórtice producido por el récord mundial del ugandés Joshua Cheptegei en los 5,000 m planos, 12:35.36. Se corporeizan el inglés David Moorcroft (13:00.41) y el marroquí Said Aouita (13:00.40) al arañar los 13 minutos hace 38 años, en la famosa pista de Bislett en Oslo, Noruega; tan cerca están los atletas de los espectadores que sienten su aliento. La mente se puebla de imágenes de gloria inspiradoras en la historia deportiva, envueltas en el tiempo y en los años de conocimientos y esfuerzos, de tantos campeones extraordinarios que batallaron, con el auxilio de la tecnología, para reducir el récord en 25 segundos. La aguja negra de aquellos hermosos Omega, lista a ser pulsada, en el botón de parciales por el dedo índice de los entrenadores de la década de los 60, apenas rebasa los 150 grados… sí, 25 segundos en 38 años. Y, dentro de esa línea de tiempo, la lucha de los mejores, los más capaces, los cuerpos más sensibles, dotados de vigor y un ritmo singular, sensible, isócrono, con el que zancada tras poderosa zancada, redujeron los últimos seis segundos con 50/100, en acción que mezcla el espíritu de determinación, de lucha, sudor, dolor, toneladas y toneladas de kilómetros en el bosque y en la pista, en los últimos 23 años. En casi un cuarto de siglo un avance de 06”50/100.
Cada récord evoluciona y se construye en sucesión de matrioshkas. La grande contiene semejantes en sus adentros la historia y la cronología de ella misma. Ahí están, con Moorcroft y Aouita, Haile Gebrselassie, Moses Kiptanui, Daniel Kómen, el primer hombre en correr dos veces continuos las dos millas en menos de ocho minutos, Kenenisa Bekele y al frente del mágico escaparate al ugandés Joshua Cheptegei. Adentro con apariencia de figuras más pequeñas, en realidad los gigantes de los 5,000 m en su época, Nurmi, Zatópek, Vladimir Kuts, Ron Clarke, Kipchoge Keino, Lasse Viren, el belga Emiel Puttemans, Henry Rono, guerrero de la tribu Nandi, de acerada voluntad con la que rompió los eslabones del alcoholismo…
La hazaña de Cheptegei impregna de entusiasmo. Algunos comunicadores relacionan el esfuerzo con algo más, la perspectiva de un ataque al RM de los 10,000 m en poder del etíope Kenenisa Bekele, 26:17.53 en Bruselas; este miércoles 26 se cumplieron 15 años de su hazaña.
Estiman que el crono del ugandés es el camino hacia la ruptura de los 26 minutos. E indican ¡25:59! En cierto sentido sí, pero, acaso en otro, no. Cheptegei rozó el minuto en cada vuelta en los 5,000. Bekele corrió a un promedio de 63.1 en los 10,000. Aquél tendría que volar a 62:32/100 cada 400 m. El esfuerzo es el equivalente a correr 2x5000 continuos en menos de 13´cada uno. Dar ese salto requiere varios años. Tal vez, entre 26´10” y el 26´12”.