Magnus Carlsen rectifica ante una FIDE flexible
El ajedrez le dio vuelta rápida a la hoja. Arkady Dvorkovich, titular de la FIDE, el exmonarca Viswanathan Anand, vicepresidente y el patrocinador del C Mundial de Ajedrez Rápido y Blitz, el multimillonario ruso Timur Túrlov, hablaron con el noruego Magnus Carlsen. La ...

Arturo Xicoténcatl.
Rey y dama
El ajedrez le dio vuelta rápida a la hoja. Arkady Dvorkovich, titular de la FIDE, el exmonarca Viswanathan Anand, vicepresidente y el patrocinador del C- Mundial de Ajedrez Rápido y Blitz, el multimillonario ruso Timur Túrlov, hablaron con el noruego Magnus Carlsen. La conclusión, según las versiones que circulan, es que en unas horas Carlsen saltará a la palestra en defensa de su corona mundial de blitz. Carlsen rectifica ante una FIDE flexible en medio de un entorno deportivo. El monarca incluso podría mantener su posición infantiloide presentándose hoy con sus jeans.
El holandés Jan Timman recordó hace un par de días que cuando la FIDE estableció el código de vestimenta nadie lo quería cumplir. No es cuestión de hacer un recorrido acerca de los cambios sociales que se han ido incorporando gradualmente en el ajedrez de competencia de alto nivel, ni la resistencia, que se vivió y ha presenciado Europa y otros países.
La anécdota breve es de Ninzowitch en una de sus partidas contra Emmanuel Lásker. En un momento de la partida Lásker extrajo de su saco un puro, lo olfateó con la curiosidad y sensibilidad de un sabueso y lo colocó en el borde del tablero. Ninzowitch llamó de inmediato al árbitro y se quejó de que Lásker estaba fumando. El juez le replicó, pero el habano no estaba encendido. La contrarréplica de Ninzowitch: ¿¡Qué no sabe usted que en ajedrez la amenaza es más fuerte que la ejecución!?
El escritor Juan José Arreola me dijo en su casa, cercana a la embajada de Estados Unidos: “Arturo, una vez en un Nacional enfrenté a un oloroso plato de chilaquiles con cebolla”. Los criterios deportivos no estaban maduros. Ni ahora. El argumento equivocado era que no estaba especificado en el reglamento. Algunos viejos ajedrecistas no me dejarán mentir: en un Nacional que se realizó en un gimnasio cerrado al norte de la capital, tan sólo al abrir la puerta y entrar al salón de juego, era como introducir la nariz en una bolsa de alimentos podridos mantenidos ahí desde el principio de un sexenio y abiertos al final. Ahí, un maestro de ajedrez expectoraba sangre en el tablero y rociaba con frecuencia las piezas convirtiendo la lucha en un espectáculo de lo más desaseado y asqueroso. No, no lo preveía el reglamento pero peor era el pobre criterio de los árbitros.
En septiembre de 1857 el escritor León Tolstoi, jugador de ajedrez, escribía en sus diarios, en la traducción de la reconocida mexicana Selma Ancira -uno viajaba allá por la avenida Guadalupe cerca de La Villa para ver la representación de su padre, el artista Carlos Ancira en el Diario de un Loco- “Sólo ahora entendí que no es la vida la que hay que arreglar simétricamente alrededor de uno como uno quiere, sino que es así mismo a quien hay que romper, flexibilizar, para poder acomodarse a la vida, cualquiera que esta sea”.
Las reglas del deporte son de carácter general universal. Y deben cumplirlas desde el más humilde empujamaderas al campeón. El reglamento se ha establecido para la colectividad, no para el individuo. Siempre llama la atención cómo la FIDE, a diferencia del resto de otras Federaciones Internacionales, hace una advertencia en la introducción al Reglamento: las leyes del ajedrez no pueden abarcar todas las situaciones posibles que surgen durante una partida, así como tampoco pueden regular todas las cuestiones administrativas. En los casos no regulados con precisión por un Artículo de las Leyes, debería ser posible llegar a una decisión correcta estudiando situaciones análogas examinadas en las mismas”.