Fuego helado

El monarca mundial de ajedrez Magnus Carlsen abandonó intempestivamente la IX Copa Sinque­field, unas horas después de perder una partida, el domingo 4 de septiembre, ante el joven GM estadu­nidense Hans Moke Niemann, de 19 años, un ju­gador que ha sorprendido al ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

El monarca mundial de ajedrez Magnus Carlsen abandonó intempestivamente la IX Copa Sinque­field, unas horas después de perder una partida, el domingo 4 de septiembre, ante el joven GM estadu­nidense Hans Moke Niemann, de 19 años, un ju­gador que ha sorprendido al mundo al romper las conocidas gráficas de progreso con un salto increí­ble a la cumbre de la élite en un año y medio, cuan­do el promedio conocido entre los prodigios es de tres años y medio o más. En el universo escaqueado circulan, desde el lunes 5, versiones y argumentos subjetivos, la mayoría desmoronables, tanto a fa­vor como en contra, en el sentido de que Niemann hizo trampa. “¿Por qué ha brotado la idea —que se desliza en la mayoría de las informaciones ajedre­císticas— de que la conducta de Carlsen, su retiro, obedece a que Niemann le hizo trampa? Subjetiva­mente a que movió las piezas en un 97% conforme a las valoraciones de los engines —módulos de cál­culo— y Carlsen en un alto porcentaje de 91. Algu­nos expresan que esa infalibilidad no es posible en un jugador como Niemann”… “ Los organizadores, acertadamente, retrasaron 15 minutos las transmi­siones en directo, con el fin de evitar comunicacio­nes electrónicas desde el exterior a la sala de juego”, fue lo que escribimos hace una semana. Al terminar el juego, Niemann afirmó, sea por intuición o anti­cipación, que le sirvió haber estudiado una partida semejante a los movimientos que hizo el campeón en 2019. Se recordó que a los 12 y 17 años Niemann hizo trampa en partidas online. Carlsen envío un co­municado a los organizadores expresando el deseo de regresar en fecha próxima a Saint Louis, sede de la Copa Sinquefield, sin ofrecer mayores explicaciones de su retiro; colgó un tuit con una frase del portugués Mourinho, entrenador de futbol: “Si hablo, estoy en un gran problema”. Y fue la chispa que encendió la guerra, como cuando Eris arrojó la manzana dora­da en la fiesta nupcial de Peleo y Tetis y dijo: “¡Para la mujer más hermosa!”. Y prendió el origen de la guerra de Troya. Tras el suceso ni el vencedor ni el vencido han hablado. Pero este silencio ha estalla­do ensordecedoramente. Fuego helado corre alre­dedor del tablero. Hay quienes creen y otros que no creen que Niemann haya hecho trampa. Creer o no creer no significa tener la razón. La compañía Chess. com, con relaciones económicas del orden de va­rias decenas de millones de dólares con Carlsen, expulsó hace unos días de su plataforma de juegos a Niemann por haber hecho trampa en el pasado; lo cual representa una muleta moral para el monarca con la que se pretende reforzar la idea de engaño. Si hubo engaño o trampa es necesario demostrarlo. Va a ser extremadamente, casi imposible, de probar. Sea cual sea la conclusión a la que se llegue del suceso, falso o verdadero, obliga a la FIDE y a los organiza­dores a tomar las medidas adecuadas, conforme a la cambiante modernidad, que garanticen la lucha eterna por fortalecer el espíritu del fair play.

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