El señor Jiménez
'Se ruega dejar este lugar como usted desearía encontrarlo'. Letrero en la pared de un baño

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Hay una historia en el futbol que, desde el 2000, circula en las redes sociales y en diarios de España y Europa, una historia que la Universidad Nacional Autónoma de México no puede alegar desconocer porque, en lugar de un error, cometería un yerro.
A raíz de que la Unión Europa reafirmó libertades fundadas en los derechos humanos y éstas penetraron y permearon en la sociedad y de inmediato en el deporte, hubo quienes en el campo del futbol con interpretación torcida tuvieron la osadía de tratar de burlarse, falsificando documentación e incluso pasaportes con el fin de hacerse pasar como jugadores comunitarios.
En África y Sudamérica ocurrieron milagros; algunos futbolistas hurgaron rama por rama, hoja por hoja, en los bosques genealógicos y descubrieron, ¡oh!, que sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos eran europeos y podían jugar en la UE como comunitarios. Con el ilícito afectaron fuentes de trabajo.
Cuando se descubrieron estas maniobras, muchos futbolistas salieron en estampida de Europa con el fin de evitar consecuencias penales. En la lista de varias decenas de futbolistas africanos, argentinos, brasileños, uruguayos, apareció el nombre del señor Bruno Marioni, cuyo verdadero nombre en Europa, para efectos legales, es Bruno Jiménez.
En los diarios de España se divulgó la siguiente versión en palabras atribuidas al señor Jiménez o Marioni, palabras que fueron calificadas de fábula: En cierta ocasión su padre, Julio Luis, fue a la pampa a arreglar un poste de luz a 150 kilómetros de Paraná. Encontró un octogenario de nombre Luigi Marioni, de origen italiano. Abreviemos: de esta relación se desprendió que el italiano había abandonado a Julio Luis cuando éste era un bebé. Entre uno y otro hecho habían transcurrido 50 años. Y se publica: “…mi padre llegó a la conclusión de que ese hombre era su padre”. Y en la tinta impresa se añade: “…mi abuelo dio su apellido a mi padre y éste me lo dio a mí”.
Con el apellido y pasaporte italiano pudo jugar en Europa. Lo hizo en el Villarreal y en el Tenerife, al que llegó en el 2001, donde fue líder goleador. (Un dato que habla de que es hombre de pocas pulgas: a los 35 segundos de un partido fue expulsado por entrada brutal al sevillista Fredi). Cuando le solicitaron la autenticidad del documento se levantó el telón de la realidad. Se asienta que incluso en el consulado de La Plata, en Argentina, no certificaron su pasaporte.
Algo de lo más incongruente resulta que cuando la UNAM, que ha sufrido actos delictuosos en su campus y se ha pronunciado por rechazarlos y combatirlos, cierre los ojos y tape sus oídos a lo que sucede en su ámbito del futbol. Con respeto a la presunción de inocencia de Bruno Jiménez o Marioni, la UNAM debe abrir una investigación. No hacerlo es ir contra los principios morales, éticos, pedagógicos de la institución.