El precursor
Palabras antiquísimas y presentes ante lo inevitable: las generaciones desaparecen como las hojas de otoño. El 20 de enero, John Velzian, el artífice; el martes 1 de noviembre, El precursor: Wilson Chuma Kiprugut, primer keniano en conquistar una presea olímpica de ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Palabras antiquísimas y presentes ante lo inevitable: las generaciones desaparecen como las hojas de otoño. El 20 de enero, John Velzian, el artífice; el martes 1 de noviembre, El precursor: Wilson Chuma Kiprugut, primer keniano en conquistar una presea olímpica de bronce en los 800 m lisos. En la atmósfera de la década de los 60 coinciden la fuerza, el conocimiento y la energía de Velzian, profesor inglés de educación física, establecido en Nairobi, estimulador y transformador de la pobreza en aspiraciones de grandeza al través de la lucha y la competencia; la independencia de Kenya, en el año de 1963, con aires de esperanza en lo económico y en lo político; y la floreciente etapa global de progreso, en ciencia, deporte, sociedad, tras la Segunda Guerra Mundial. Acaso en lo deportivo una chispa de emulación en el esfuerzo del etíope Abebe Bikila, maratonista y primer medallista con oro en los Juegos Olímpicos de Roma; chispa que encendió dos llamas en admirable torbellino de fuego, en constante rivalidad entre los mejores atletas de Kenia y Etiopía. Kiprugut —el vocablo en suahili significa “hijo de la pobreza”, es un nombre cargado de simbolismo— empezó a entrenar con Velzian en 1961. Tres años más tarde, con la dureza de cientos de kilómetros semanales de entrenamiento, disciplina y obsesión en el objetivo, logra el bronce (1.45.9) en Tokio 1964, después del legendario neozelandés Peter Snell (1.45.1) y el canadiense William Crothers (1.45.6). En México 68, plataforma de despegue de Kenia, salió como tromba con paso de 200 m – 24.1, 400,-51”; 600m-1.17.8; pagó la osadía y a 40 m de la meta lo alcanzó y rebasó el australiano Ralph Doubell (1.44.40); logró la plata (1.44.57). Fue el primer keniano y, como todo precursor, Kiprugut desbrozó el camino físico y mental e hizo posible lo que parecía imposible: encaramarse en el podio de los Juegos Olímpicos. Los kenianos edificaron, con su esfuerzo en México, la piedra angular que los ha llevado a conquistar, de Kiprugut a Eliud Kipchoge, un total de 34 oros, 41 platas, 31 bronces: 106 medallas olímpicas. En México brillaron Kipchoge Keino, que venció en los 1,500 m lisos al estadunidense Jim Ryun, invicto de 1965 a 1968; Naftali Temu, oro en 10,000; Amos Biwott, oro en los 3,000 steeplechase; en esta prueba, los kenianos han conseguido 11 oros, de 1968 a 2020. Tanto Kiprugut como Keino, de la tribu Kalendjins —en Kenia hay 43 tribus que se caracterizan por tener el fémur más largo de lo común, lo que les permite una zancada más amplia—, adaptados a las alturas de las montañas Nandi, en el Valle del Rift, en la parte oeste del país. La poca presión atmosférica y poca oxigenación hace que sus cuerpos produzcan mayor cantidad de glóbulos rojos o hematíes. Al competir en la altura están adaptados; al descender a sitios próximos al mar, sus cuerpos contienen millones más hematíes que la mayoría de sus adversarios. Eso es parte del llamado secreto keniano.