Crudelísima violencia pasiva
Consterna la muerte del aficionado al futbol, arrojado al vacío desde las tribunas, durante el juego BelgranoTalleres en Córdoba, Argentina. De vez en cuando, cada vez con mayor frecuencia, el futbol tan fascinante recibe la violenta y salvaje influencia y presencia del ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Consterna la muerte del aficionado al futbol, arrojado al vacío desde las tribunas, durante el juego Belgrano — Talleres en Córdoba, Argentina. De vez en cuando, cada vez con mayor frecuencia, el futbol tan fascinante recibe la violenta y salvaje influencia y presencia del hombre de las cavernas. El deporte nos puede dar héroes que pueden proyectarse en arquetipos de la sociedad y, lamentablemente, también antihéroes. Podría considerarse que los actos de violencia se generan en la masa anónima, aquella que acude a los estadios no a disfrutar del juego sino a arrojar todas sus frustraciones. La conducta de la masa es muy diferente a la individual, la masa transporta rápidamente al individuo en la corriente de las voliciones del momento. La violencia se da también en pequeños grupos como sucede en el deporte con algunos padres de familia.
Genera estupor, indignación y rechazo la escena en la que tres o cuatro sujetos o miembros de la manada persiguen, acosan y golpean a Emmanuel Balbo, de 22 años, hasta empujarlo al vacío. Pero acaso más terrible sea la crudelísima violencia pasiva de los aficionados que presencian el acto sin moverse ni reaccionar, en silencio, sin el menor atisbo de intervenir en auxilio de la víctima. Ni un grito en contra de los desalmados. Nada humano es ajeno, expresa la sentencia de Terencio. Esta actitud tan reprobable es otra de las características fundamentales, esenciales, del ser humano. La masa, ante el estímulo de la violencia, se transforma en horda. Se balancea en la onda de energía. Actúa en esa doble valoración del ser humano hecho de la misma materia del universo, de fuerzas creativas y fuerzas destructivas. Es su naturaleza.
Hay pensadores como Steiner que con ejemplos afirman que la violencia del hombre no la atenúa el conocimiento ni la cultura; y que hay hombres buenos, padres con sentimientos de lo más tierno, que aman con pureza a la esposa, que pueden leer a Shakespeare, y escuchar a Beethoven, Mozart y, después, por las noches, salen de sus casas al trabajo que consiste en producir las más crueles torturas a los prisioneros. Otras informaciones indican que aquel hombre de más de 70 años que ha sido durante varias décadas modelo de esposo ideal, en la comunidad es conducido a la cárcel porque mató a la esposa.
En los últimos tres años en actos de violencia en el futbol de Argentina han muerto más de 40 personas. La conducta humana es muy compleja. La violencia del ser humano, del hombre y de la mujer, no distingue culturas, razas, nacionalidad, religión, posición económica o social. En los sucesos se percibe, además, la declinación del deporte en general. El profesionalismo, la victoria a ultranza, el uso de sustancias prohibidas; en una sociedad que ama al dinero, lo material, algunos deportistas que se entregan en cuerpo y alma quedan vacíos en su preparación ante la vida.
Este suceso tan lejano y cercano en la instantaneidad de los medios de comunicación debiera servir de lección al futbol mexicano.
Si en el deporte universal se toman medidas preventivas contra la amenaza de potencial violencia del terrorismo, aquí debería imitarse algo semejante en cuanto a la violencia que se ha vivido en las últimas semanas en el futbol doméstico, dentro y fuera de la cancha. Desaparecer barras y el fanatismo natural, artificial y comercial, por los colores que crea hordas, manadas, zombies, anulados en su capacidad de pensar y disfrutar el deporte. Que los futbolistas jueguen limpio y con respeto.