El deporte huele a podrido

Cuando uno se detiene a mirar de cerca a los hombres que conducen el mundo en este tiempo de delirio, se queda más asombrado de su nulidad que sorprendido de su existencia. > Chateaubriand 17681848 La corrupción y la trampa se extienden, ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Cuando uno se detiene a mirar de cerca a los hombres que conducen el mundo en este tiempo de delirio, se queda más asombrado de su nulidad que sorprendido de su existencia.

>             Chateaubriand (1768-1848)

La corrupción y la trampa se extienden, salta del podio del estadio al escritorio de funcionarios importantes del Comité Olímpico Internacional con vasos comunicantes con la Federación Internacional de Asociaciones de Atletismo que preside el inglés Sebastian Coe. Cada vez los valores del deporte y la filosofía que tanto preconizan tiembla, se desmorona, pierde credibilidad. Se desentierra la trampa con años de retraso; lo que da tiempo a que el tiempo disuelva la intensidad o la perspectiva de lo podrido. Debemos entender que son los hombres, los individuos, no las instituciones, los que cargan las tintas contra el deporte.

El diario francés Le Monde divulga la noticia de que el africano Papa Massata Diack, exmiembro del COI, recibió 1.5 millones de dólares de un empresario brasileño para que influyera y Río de Janeiro ganara la votación y la sede de los Juegos Olímpicos 2016. Papa Massata Diack es hijo del senegalés Lamine Diack, quien fuera presidente de la IAFF y fuese expulsado por el COI en noviembre de 2015 por recibir fuertes cantidades de dinero y hacerse de la vista gorda por ocultar la práctica del dopaje en Rusia. Papa Massata Diack es buscado por la Interpol, mientras que Lamine recibió, a los 82 años, prisión domiciliaria en París.

En el enredo se implica al namibio Frank Fredericks, ganador de las medallas de plata en los 100 y en los 200 m planos en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, después del canadiense Donovan Bailey y del estadunidense Michael Johnson. Las informaciones apuntan que Fredericks, encargado de la Comisión de Evaluación de las sedes olímpicas —en su programa figuraba la visita a Los Ángeles del 23 al 25 de abril, a Budapest, que ya declinó, del 10 al 12 de mayo, y a París, del 14 al 16 de mayo— recibió la cantidad de 299 mil 300 dólares en un banco de las Islas Seychelles el mismo día de la elección de la sede de los JO de 2016.

Tanto el COI como la IAAF ya separaron a Fredericks de su seno. Una de las situaciones más curiosas es que Sebastian Coe, que posee el olfato de sabueso sherlockmeniano cuando alguien emplea sustancias prohibidas en la lejana Rusia, no detecta lo que sucede bajo sus propias narices. Nunca se dio cuenta, cuando fue vicepresidente de la IAAF y brazo derecho del titular, de lo que hacía Lamine Diack; tampoco se dio cuenta de los tejes y manejes del secretario general, Nick Davies, que ocultó problemas de dopaje y fue acusado, éste, de recibir 30 mil euros. Coe lo negó, pero el Parlamento Británico le indicó que sí lo sabía; y ahora tampoco está enterado de las supuestas actividades ilícitas de uno de sus miembros del Consejo.

Más que eso, cuando hay evidencias de trampa contra los intereses de Madrid, que disputó la sede a Río de Janeiro, se mantiene el aire enrarecido de lo que sucedió en Salt Lake City, en los JO de Atlanta 96, cuando perdió Atenas y la concesión de la sede olímpica a Londres 2012, cuando todo apuntaba a París. Influencia de corrupción y política.

¿Qué hace más daño, el dopaje de los deportistas o la corrupción de los de pantalón largo? Hoy la corrupción parece una hidra de Lerna. Y el COI debe tomar medidas más drásticas. Hay puestos que exigen más responsabilidad y mayor probidad.

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