Lavillenie, por el salto sideral
Aunque oficialmente la IAAF presenta como primer récord mundial, en salto de pértiga o garrocha, el registro de 4.02 m, que el estadunidense Mar Wright estableció 08061912 en Cambridge, Massachusetts, un brinco estelar para las condiciones técnicas de la época, lo ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Aunque oficialmente la IAAF presenta como primer récord mundial, en salto de pértiga o garrocha, el registro de 4.02 m, que el estadunidense Mar Wright estableció 08-06-1912 en Cambridge, Massachusetts, un brinco estelar para las condiciones técnicas de la época, lo cierto es que el francés Fernand Gonder saltó con una pértiga de bambú que tenía un clavo en la punta 3.74 m en 1905. La tradición francesa que ahora vemos coronada en el pertiguista Renaud Lavillenie (18 de septiembre de 1986, en Barbezieux-Saint Hilaire, Charente), oro olímpico de Londres 2012 y mundial en Moscú 2013, principia hace poco más de un siglo, en aquellos tiempos anteriores en que las garrochas llegaron a pesar alrededor de 10 kilos. En los albores del siglo XX la garrocha empezó a modificarse con el bambú y en la década de los 40 y 50 al emplearse aluminio y acero liviano. En la actualidad las pértigas son más ligeras (peso máximo de 2.5 kilos), la fibra de vidrio y carbono en combinación con la técnica y preparación del atleta, ha permitido transformarla en una catapulta, en una prueba de lo más espectacular que atrae los ojos de millares de aficionados, casi tanto como las clásicas de pista.
Lavillenie acaba de escribir un notable episodio en la XXXIII edición del Campeonato Mundial bajo techo que se realizó el pasado fin de semana en Praga, República Checa, al conquistar el cuarto título consecutivo con un salto de 6.04 m.
La medalla de oro la alcanzó no sin cierta inquietud. Fue en el tercer intento cuando calificó a la final con un salto de 5.70 metros. Por un momento aleteó el acontecimiento sorprendente que eliminó a Serguéi Bubka de la final de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 en aquella tibia tarde estival; lo vemos recostado y sentado en la pista sintética carmesí en espera de su turno, falló tres veces la altura de 5.60 m. La derrota del atleta ucraniano Serguéi Bubka, El Zar de la Pértiga, ejerció en algunos aficionados y comunicadores los efectos de un shock, al grado que aún hay quienes creen que Bubka nunca fue campeón olímpico. La conmoción les hizo olvidar el oro de Seúl.
En la final, Renaud Lavillenie, muy seguro de sí mismo, como Bubka, dejó que el resto compitiera. En una atmósfera de expectación saltó en la primera oportunidad 5.75 m. Y elevó la varilla a 5.90 y triunfó con 6.04 m, la mejor marca mundial de la temporada.
En el estadio de Praga y en la pantalla de cristal millones de espectadores observaron con admiración cómo Lavillenie intentó en tres ocasiones romper su propia marca mundial con un salto de 6.17 m. En el segundo estuvo a punto de lograrlo. El año pasado, el 5 de febrero de 2014 en Donetsk, Ucrania, tierra de Serguéi Bubka, el pertiguista francés rompió el RM con 6.16 m, un centímetro más que el Zar.
En la pértiga se conjuga en esencia el peso del atleta con la rapidez. No sólo es la longitud del artefacto. Se cumple con exactitud física y matemática la segunda Ley de Newton: fuerza es igual a masa por aceleración. La pértiga hay que doblarla, en conjunción con el poder de las muñecas, la talla, la forma física del atleta, la técnica; la concentración mental como plataforma de despegue.
Lavillenie y el mundo acarician ya el salto sideral, tan próximo y tan difícil, de los 6.20 m…
El festival del músculo y la inteligencia de Praga dejó otras notables actuaciones con el recuerdo inmarcesible, de que fue ahí en 1978, al aire libre, cuando principió uno de los más grandes antagonismos con el primer encuentro entre Steve Ovett y Sebastian Coe en los 800 m planos; una carrera en la que sorprendió la victoria del alemán Olaf Beyer.