Camino a la inmortalidad
Algunas expresiones sólo reflejan lo limitado de la concepción humana, de sus ideas, juicios, costumbres. Viene a la mente lo que escribió el doctor Samuel Johnson acerca de John Milton, autor de El paraíso perdido: “Su obra no es el más grande de los poemas heroicos ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Algunas expresiones sólo reflejan lo limitado de la concepción humana, de sus ideas, juicios, costumbres. Viene a la mente lo que escribió el doctor Samuel Johnson acerca de John Milton, autor de El paraíso perdido: “Su obra no es el más grande de los poemas heroicos únicamente porque no es el primero”; una referencia que apunta hacia Homero. Sin duda, la cronología es vigente en la mayoría de los actos humanos. El pensamiento nos remite a los primeros, a los precursores en algún campo de la ciencia, el arte, la guerra, el deporte. Hillary y Tenzing en el Everest aunque no hayan sido los primeros en escalar el primer ocho mil. El doctor Roger Bannister al convertirse aquel 6 de mayo de 1954 en el primer atleta en romper el muro de los cuatro minutos en la milla; la milla del milagro, como expresaron en aquel tiempo. El récord que se creía imposible (3.59.4) y que por lo mismo se le colocaba una envoltura de luminosa eternidad, apenas vivió 43 días. El australiano Tom Landry lo destrozó; desbarató el tiempo del cronómetro, pero no la hazaña del inglés Bannister que desde aquel 1954 se elevó al estrato de lo inmarcesible.
El sábado anterior, 2 de febrero, Mo Farah, de 31 años de edad, inglés nacido el 23 de marzo de 1983 en Mogadiscio, Somalia, galardonado con dos oros en los 5 y 10 mil metros planos en Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales y campeonatos de Europa, en soberbia actuación, rompió el récord mundial de las dos millas bajo techo, en la pista Barclaycard Arena, en Birmingham, en 8:03.40, con parciales negativos de 4:03.90 la primera milla y la segunda en 3:59.5.
La anterior marca en esfuerzo bajo techo la poseía el etíope Kenenisa Bekele en 8:04.35. Redujo la marca en 0.95 segundos. Mo Farah, de 1.75 m de estatura y 65 kilos de peso, dueño de una brutal y mortífera capacidad de aceleración final abrió el primer 400 en 59.3 segundos y corrió el último en 57.7 segundos. Un espectáculo en la pista, su figura delgada, negra, de zancadas elásticas, desplazándose con una rapidez y resistencia nunca vistas en la pista cubierta.
Recordemos algo que el aficionado conserva en el archivo de su memoria acerca de esta prueba inglesa que no figura en el programa olímpico ni mundial. El keniano Daniel Komen posee el RM en pista abierta en 7:58.91 (¡dos veces seguida la milla en menos de cuatro minutos!), desde el 19 de julio de 1997 en Hechtel, Bélgica.
La milla (1,609.3472 m como aparece en el Manual de Matemáticas, Lefax) ha evolucionado en forma notable. El RM lo posee el célebre Hicham El Guerrouj en 3:43.13 desde el 7 de julio de 1999.
¿Cuál es la trascendencia de la marca de Mo Farah? La inmediata está enfocada hacia dos oros más en el Campeonato Mundial que se realizará este año en El Nido de Pájaro en el estadio de Beijing.
La segunda y más importante: ese esfuerzo significa el camino a la inmortalidad, la doble medalla de oro en 5 y 10 mil en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
Mo Farah que entrena en Portland, Oregón, con Alberto Salazar, tendrá que correr a la perfección dos pruebas ante los lobos de la pista. De lograrlo, habrá igualado la hazaña del héroe finlandés Lasse Virén doble oro en 5 y 10 en los JO de Munich 72 y de Montreal 1976.
De producirse este acontecimiento ¿Farah habrá igualado a Virén?, ¿igual a Virén cuando ni dos gotas de agua son iguales? Mo Farah es la más grande expresión atlética de nuestro tiempo en el fondo. Alégrense estamos ante las puertas de uno de los más grandes acontecimientos de la historia del atletismo.
Véanlo, camina raudo a la inmortalidad.