La final sorpresiva

Antes de la Eurocopa, pocos ponían fichas en el casillero de España, incrédulos porque no tiene un entrenador de prosapia.El pasatiempo favorito de la prensa deportiva es crear escenarios imaginarios. Los debates se centran en cosas que no han pasado, como, ¿quién ...

  • Antes de la Eurocopa, pocos ponían fichas en el casillero de España, incrédulos porque no tiene un entrenador de prosapia.

El pasatiempo favorito de la prensa deportiva es crear escenarios imaginarios. Los debates se centran en cosas que no han pasado, como, ¿quién será campeón?, cuando el torneo ni siquiera ha empezado, tendencia negativa para llenar espacios. Total, que cuando las cosas se ponen en la cancha, saltan del tablero las predicciones. Antes de la Eurocopa, pocos ponían fichas en el casillero de España, incrédulos porque no tiene un entrenador de prosapia y, en cambio, posee jugadores de personalidad intrínseca que se dedican seriamente a jugar futbol, sin aspavientos ni fanfarronerías.

España apareció porque un precoz jugador levantó con brillantez la mano, se llama Lamine Yamal y desde los cinco meses fue tocado por los dioses, al menos el más mundano que tiene el futbol moderno: Lio Messi. Se conocieron sin enterarse y, el mismo día, ambos metieron a sus selecciones a las finales correspondientes.

Pero resulta que España es más que Lamine Yamal, tiene las venas ardientes de Nico Williams, la fiereza de Rodri, la voluntad de Álvaro Morata y la templanza de Nacho y Dani Carvajal para poner el toque de experiencia, además, claro, está un trabajo inmaculado de Luis de la Fuente, un hombre con aire académico que tiene el futbol refulgente de toque y pase en su libro de cabecera, con eso echó a Croacia, tercer lugar del último Mundial, y a Italia, campeón de la reciente Euro.

Si bien es cierto que de sorpresas hablamos, Inglaterra es la otra parte de la moneda. Un equipo que, con estragos, ha logrado acercarse a la orilla de una segunda final en Europa, algo que hablaría bien de cualquiera, menos de Gareth Southgate, ofendido últimamente por mecanizar de más a los humanos futbolistas.

Tiende el técnico inglés a determinar con cálculo sus cambios y no dejar nada a la improvisación. Piensa con antelación cada segundo del partido y encuentra en esos pequeños detalles los elementos suficientes para accionar su estrategia. A muchos no les gusta, pero da resultados y al futbol inglés le urge, tan anémico de campeonatos que han pasado 58 años desde que levantó el más grande, la Copa del Mundo de su país, con un gol fantasma de Geoff Hurst.

En la Eurocopa de este año, el método Southgate impuso a otra clase de héroes como Ollie Watkins, el delantero del Aston Villa, predilección de Unai Emery, el técnico español que cautivó la última Premier, así como Colin Palmer, sin ellos, no hubieran superado la fase de semifinal. Se esperaba más de Phil Phoden, por ejemplo, pero, en graves momentos, a Southgate le encanta sorprender a todos con sus trucos analíticos.

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