¿Y el favorito?

Estamos a escasos días de una definición por demás interesante en las Grandes Ligas. La extensa temporada regular ha tenido momentos brillantes y otros episodios dramáticos. Aquí no hemos visto a Taylor Swift en el estadio de Kansas City, tampoco sabemos si Shohei ...

Estamos a escasos días de una definición por demás interesante en las Grandes Ligas.

La extensa temporada regular ha tenido momentos brillantes y otros episodios dramáticos.

Aquí no hemos visto a Taylor Swift en el estadio de Kansas City, tampoco sabemos si Shohei Ohtani siga en California para el siguiente año, aunque… sí sabemos cómo los playoffs serán una cosa de lo más interesante.

Lo que sabemos —y es una confirmación del nivel— es cómo para la Liga Nacional tiene toda la lógica del mundo un duelo entre los Bravos y los Dodgers  por el campeonato. Casi es un tiro más cantado que pelea del Canelo (suerte este sábado) y podemos decir que sería una tragedia no tenerlos a ambos equipazos por ese banderín.

La Liga Americana es la de una definición pendiente, pues poca gente veía a los Orioles y a los Rangers como los hoy preeminentes en un muy peleado calendario, claro que eso es al día de hoy, sobre todo con esos texanos, quienes se han sobrepuesto a unos resbalones en el standing.

Por supuesto, llama la atención la actual endeble situación de los campeones Astros y como los Rays nada más no han recuperado el liderato divisional, además de la caída fuerte de Medias Rojas de Boston y Yankees de Nueva York.

Aquí pesa el título de esta entrega: siendo que la Nacional se ve tan fuerte por el campeonato y la Americana nos ha regalado agradables sorpresas, no se siente como que hoy tenemos un amplio favorito, ¿o sí?

Al mencionar la inminencia de unos playoffs de altísima energía en las Grandes Ligas observamos un anuncio de una cadena de cines en México, transmitirán la Serie Mundial en algunas de sus salas… aquí caben varias preguntas queridos lectores:

¿Ustedes ya han visto un juego de pelota en una sala de cine? O bien, ¿apagarán totalmente las luces del cine? No se sabe cuántas personas ven un juego “a oscuras”. Ah, de pilón en estas primeras: ¿se podrá usar el celular si apagan? ¿Se olvidarán del silencio y sí se va a valer gritar cuando se ejecute un ponche y vuele un cuadrangular?

Tomando en cuenta que el promedio de las películas comerciales exhibidas es de aproximadamente 1:45 horas (quizá 2:00 hrs con los insufribles anuncios del comienzo), ¿estará la siempre animosa tropa beisbolera —persiste la duda de la oscuridad en las salas— a aventarse aproximadamente tres horas en una sala de cine?

Son preguntas sin jiribilla y, lo que sí sería imperdonable es que aprovechen las pausas entre innings para meter con calzador sus anuncios de palomitas o de otras películas (no le pierden), al menos esperemos metan jugadas espectaculares entre las entradas… claro, todo se propone de Buena fe, porque ya sabemos cómo se las gasta la oficina de MLB en México.

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