Toro sí / Toro no
No cabe duda, Fernando Valenzuela fue el ídolo de muchos de nosotros como parte de esas generaciones en las cuales ni en sueños era posible ver todos los juegos de Grandes Ligas. Había lo que había y ver los juegos de El Toro con los Dodgers era lugar de encuentro y ...
No cabe duda, Fernando Valenzuela fue el ídolo de muchos de nosotros como parte de esas generaciones en las cuales ni en sueños era posible ver todos los juegos de Grandes Ligas.
Había lo que había y ver los juegos de El Toro con los Dodgers era lugar de encuentro y posterior charla. Nos unía a muchos y vaya que nos dio para platicar sobre los juegazos lanzados, incluso su capacidad con el madero y hasta cuando nos enteramos cómo fue por igual bateador emergente en algún otro juego anterior.
Muchos tuvimos su póster y llegamos a pensar una y otra vez en el modo por el cual pudo superar la adversidad o la pobreza de su natal Etchohuaquila, en el beisbolerísimo estado de Sonora.
Así el ídolo de muchos, el gran Toro, a quien tuvimos la fortuna de verlo lanzar con varias franelas de Grandes Ligas —incluyendo su paso con los Cardenales de San Luis— y de la Liga Mexicana del Pacífico (en un dream team con los multicampeones Naranjeros), la verdad es que disfrutamos a un serpentinero de autoridad, con una inteligencia impresionante y un approach bárbaro a la zona de strike, donde se sentía cómodo ejerciendo su dominio para cerrar con el mortífero screwball que llevó casi al ridículo a los más temidos bateadores .
Tanto se elogiaba al querido gordo que hasta se ponderaba, precisamente, su capacidad aun a pesar de no tener un físico, digamos, aparentemente “óptimo”, ¡imagínense de tenerlo! Fernando, un ídolo por su origen, su complexión y su extraordinario talento, se ganó a millones de mexicanos con su carisma y sus ojillos al cielo antes de cada envío al plato.
Pero tiene que meter su maldita inercia la política y se armó polémica innecesaria por el burdo protagonismo de un gobernador imponiendo el nombre del Estadio Sonora, en Hermosillo, para un Fernando Valenzuela quien —debemos ser realistas— no le dio tanto a la franela de los Naranjeros como Héctor Espino.
Rudeza innecesaria, dirían algunos, cuando el anterior inmueble en el barrio del Choyal llevaba el nombre de Espino y todos felices, ah, pero el querer imponer, quizá dejándose llevar por el hecho de que al fin los Dodgers de Los Ángeles se dignaron a retirar el número “34” de manera reciente, eso sí, con toda justicia a partir de sus 141 victorias con dicha franela y unos llenazos de época en el Chavez Ravine.
Valenzuela fue un eje entre el aficionado latino y los Dodgers; Fernando, muy querido en el beisbol de México, aunque sus mejores momentos fueron en el big show.
Si Navojoa tiene un nuevo estadio para la LMP, absolutamente nadie se quejaría del nombre de Fernando Valenzuela brillando en la perla del Mayo, es más, hasta pretexto genial como para dejar el arcaico inmueble actual.
