Todo por un parche
Dentro del ampliamente apasionante mundo del beisbol hay un tema el cual quizá no se mencione tanto al existir esa vasta cantidad de numeralia por el juego en sí. Puede a ustedes, queridos lectores, gustarles el coleccionar camisetas, jerseys, gorras, incluso ...
Dentro del ampliamente apasionante mundo del beisbol hay un tema el cual quizá no se mencione tanto al existir esa vasta cantidad de numeralia por el juego en sí.
Puede a ustedes, queridos lectores, gustarles el coleccionar camisetas, jerseys, gorras, incluso recientemente hay medias (calcetines largos para juego, pues) muy llamativos, con los usados por los Rays de hace par de años como ejemplo.
Pero ya si esos jerseys, gorras, incluso los bates, llevan la firma del o de los ídolos, adquieren un valor interesante en varios casos, sobre todo si el firmante es ganador de un Novato del Año, un Jugador Más Valioso (MVP) o el héroe de una o varias series mundiales.
Aquí se pone interesante, pues dentro de los nuevos peloteros famosos está Paul Skenes, y no sólo por su guapa novia. El diestro de los Piratas no es sólo el Novato del Año del 2024 en la Liga Nacional gracias a su tremendo repertorio, con el cual dejó extraordinarios números de 11-3 en récord, con unos microscópicos 1.96 de PCLA y 0.95 de WHIP, la verdad, magistral el muchacho.
Por todo lo anterior se ha tenido mucho ruido alrededor de este prometedor látigo de los corsarios, entooonces, el parche de su debut forma parte de una tarjeta de esas de la marca Topps, sí, fabulosas ediciones, incluso con relieves, texturas, brillos y cuanto más, con esas piezas como el objeto del deseo para los coleccionistas.
Pues resulta que un chavito de 11 años en California fue el suertudo en encontrar esta mencionada tarjeta del “parche de novato” para el caso de Paul Skenes y los Piratas de Pittsburg —su actual equipo— se dieron a la misión de hacerle llegar algo como de la película de El Padrino (una oferta la cual, supuestamente, no podría rechazar) al muy jovencito californiano.
Una convivencia con el lanzador, jerseys firmados por el mismo, un juego de softbol (slow pitch) para el muchachito con sus amigos en pleno PNC Park de Pittsburg y, aquí viene lo más fifí: boletos detrás de home (los más caros) por los próximos TREINTA años en el mencionado estadio.
Jugaron bien con su pichada los filibusteros, pero no contaron con la respuesta denegatoria por parte del menor de edad —por supuesto, con su familia— al revirar con un “gracias, pero no, gracias”, y una NOBLE intención de aportar a la causa de los trabajos para paliar el dolor de los incendios en California.
Era LÓGICO que NADIE se iba a aventar TREINTA años con boletos de un equipo irregular (por decirlo suave) sin vivir ahí en PA., pues venderlos implicaría costos y, además, sería cosa de ver si el equipo los tenía como transferibles, amén de si un día existía un cambio de estadio.
Lo dicho, varias veces en este espacio el beisbol ligamayorista comienza a tener valores de locura.
